Con esos pensamientos rondándole la cabeza, Ruth por fin cedió. —Entonces terminaré de picar estos cebollines para servir la sopa después.
Diana dijo: —Está bien. Te esperaré aquí.
Con Diana esperándola a su lado, Ruth terminó de picar los cebollines enseguida.
Luego los añadió a la sopera.
Cuando todo estuvo listo, Ruth se lavó las manos en el fregadero y se las secó dos veces en el delantal.
Después, se apresuró a tomar a Diana de la mano. —Vamos. Sentémonos afuera.
Diana no retiró la mano. —Está bien. Podemos hablar mientras comemos.
Cuando salieron, las familias Theron y Langley se sentaron juntas.
La gran mesa redonda estaba repleta de gente.
Damián se había sentado a propósito junto a Scarlett, con Ruth al otro lado.
Nathan se sentó al otro lado de Scarlett.
Ruth animó a todos: —Sírvansen. Han esperado tanto que deben estar muertos de hambre. Prueben mi comida; solo espero que les guste.
Todos comenzaron a comer y coincidieron en que Ruth cocinaba de maravilla.
Incluso Clara no pudo resistirse a servirse otro tazón de arroz.
A mitad de la cena, todos levantaron sus copas para brindar.
Como anfitriona, Ruth alzó su copa y recorrió la mesa con la mirada. —Es víspera de Año Nuevo, y tenemos la suerte de compartir esta cena juntos. Pero me alegra todavía más que nuestras dos familias estén reunidas aquí gracias a nuestros hijos. Soy una mujer sencilla y no sé dar discursos elegantes, así que solo les deseo un feliz Año Nuevo. Y espero que Scarlett y mi Damián consigan todo lo que anhelan.
Al terminar, todos chocaron las copas.
Scarlett estaba feliz, pero seguía sintiendo como si llevara una piedra sobre el pecho.
Ella y Vicente aún no habían dado ese último paso.
Mientras aquello siguiera sin resolverse, ella y Damián jamás podrían dar de verdad el primer paso juntos.

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