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Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás romance Capítulo 89

—¡Nicolás!

Santiago se acercó mirando a Nicolás con seriedad.

—No está bien cómo le estás hablando. Pide disculpas.

—¡Pero si no he dicho nada malo! —Nicolás se defendió algo molesto—. Mamá Mariana se lastimó, ¡y mamá se está desquitando con ella solo porque está de mal humor!

La expresión de Santiago se ensombreció al instante.

—Nicolás, discúlpate ahora.

Nicolás hizo un gesto de repente. Aunque le tenía miedo a Santiago y no quería seguir discutiendo, no se atrevía a decir ni una sola palabra más.

¡Pero pedir perdón tampoco!

Mariana se puso de pie y se acercó cojeando hasta donde estaba Nicolás. Le tocó la mejilla con ternura.

—Nicolás, no debiste hablar así. Anda, pídele perdón a tu mamá Valeria.

Nicolás, a regañadientes, agachó la cabeza en silencio.

Valeria observaba todo con una indiferencia indescriptible.

En el instante en que Nicolás salió en defensa de Mariana, algo se enfrió dentro de ella.

Estaba tan desilusionada que ni siquiera tenía ganas de molestarse.

Su mente estaba ocupada pensando en el horario que el sacerdote del templo Monserrat había calculado para su madre.

Valeria desvió la vista y se volteó para colocar una vez más el retrato de su madre en su sitio.

Después de girarse de nuevo, con una mirada tranquila le dijo a Santiago:

—Hay que respetar a los muertos. Ya vinieron, ya hicieron su teatro, ahora váyanse.

—¿Está todo listo para el funeral? —preguntó Santiago—. Si necesitas ayuda con algo, solo dímelo.

—Sí, necesito algo. —Valeria lo miró y señaló la puerta—. Que agarres a tu mujer y a tu hijo, y se larguen.

La cara de Santiago se oscureció.

Pero esta vez permaneció en silencio, solo la miró fijamente.

Después de unos segundos, tomó la mano de Nicolás.

—Vámonos.

Al oír esto, Mariana rápidamente tomó la otra mano del niño y le dijo a Valeria con voz suave:

—Señorita Núñez, nos vamos entonces. Lamento mucho su pérdida.

Tras decirlo, incluso le hizo una reverencia muy cortés.

A Valeria todo esto le dio asco. Se volteó para no tener que verla por más tiempo.

Santiago llevaba a Nicolás hacia la salida, pero el niño volteaba a verla cada tres pasos.

Sin embargo, Valeria le dio la espalda y ya no lo miraba.

Nicolás sentía que su mamá había cambiado, que ya no le importaba.

No podía entender el por qué la mamá que antes siempre lo ponía primero, ahora ni siquiera se dignaba a mirarlo.

Una vez que los tres se marcharon, Valeria se masajeó las sienes que le palpitaba sin cesar.

Lina se le acercó con ojos llenos de compasión.

—¿Te encuentras bien? Si no puedes más, mejor siéntate por un buen rato.

Valeria le agradeció, verificó la hora y dijo:

—Ya casi es el momento. Avísales a los encargados que se preparen para ir al cementerio para el entierro.

Lina obedeció. Cuando iba a buscar a los trabajadores, de pronto entraron varias personas.

Una corona tras otra empezaron a llegar sin parar.

Lina quedó atónita.

—Pero ¿qué... qué está pasando?

Como si presintiera algo, ella abrió los ojos despacio.

La mariposa permaneció en sus dedos apenas por unos segundos. Cuando las lágrimas comenzaron a caer, desplegó sus alas y emprendió el vuelo.

Apenas comenzaba la temporada más fría, la nieve en la ciudad aún no se derretía. Quién sabe de dónde habría venido esa mariposa. Después de revolotear alrededor de Valeria, se alejó volando.

Ella se levantó para tratar de seguirla, pero en su mente resonaron las palabras de su madre:

[Valeria, no llores, no te pongas triste, no insistas en buscarme...]

Ella se detuvo en seco y vio cómo la mariposa se alejaba poco a poco.

Se secó las lágrimas de la cara con la mano.

A sus espaldas, el sacerdote cerró el libro de oraciones.

La despedida había terminado.

-

Felipe y María tenían compromisos oficiales y no podían quedarse mucho tiempo en San Aurelio.

Al tercer día, el matrimonio regresó a Ciudad Estelar.

El trabajo anterior con la porcelana había demostrado el talento de Valeria, y la Oficina Nacional de Patrimonio Cultural le extendió una invitación formal.

Quedaban varias piezas arqueológicas descubiertas a fin de año que necesitaban restauración. Rafael permanecería en San Aurelio para coordinar y apoyar a Valeria en los trabajos siguientes.

Antes de partir, Felipe le preguntó si estaría dispuesta a viajar por trabajo.

Le explicó en detalle:

—El equipo arqueológico encontró un sitio en la ciudad del oeste. Es un terreno complicado, será agotador, pero participar en ese proyecto sería muy beneficioso para tu carrera.

Valeria preguntó para cuándo sería.

Felipe respondió que tal vez sería a comienzos de marzo.

Valeria calculó mentalmente: quedaba tiempo, más que suficiente para recuperarse después del procedimiento...

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