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Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás romance Capítulo 77

Después de subir al auto, Lina abrió su termo y se lo ofreció a Valeria.

—Toma un poco de agua tibia, tu herida en la cabeza todavía no sana y después de andar corriendo como loca toda la noche, tu cuerpo no va a aguantar por más tiempo.

Valeria bajó la cabeza y negó con dulzura, como hablando consigo misma.

—¿A dónde crees que pudo haber ido mi mamá?

Lina apretó los labios, también sin tener idea alguna.

Carmen, sentada en el asiento trasero, de repente, se golpeó la pierna.

—¿Qué tal si vamos a preguntarle al abogado Rodríguez?

¿Santiago?

Lina se dio la vuelta para mirar a Carmen.

—¿Por qué le preguntaríamos a él?

—Ayer en la mañana fuimos juntas al bufete del abogado Rodríguez.

—¿Qué? —Lina quedó asombrada—. ¿Por qué no dijiste esto antes?

—Ustedes... no preguntaron.

Valeria miró a Carmen, enojada.

—¿Para qué fue mi mamá al bufete?

—Solo fue a llevar un regalo de Año Nuevo, pero cuando llegamos, la señorita Ortega también había ido a ver al abogado Rodríguez. Después tu mamá me pidió que esperara afuera, así que no sé qué más hablaron...

Valeria apretó con rabia las manos.

—Lina, vamos enseguida al bufete a buscar a Santiago.

—¡Dale! —Lina arrancó el auto a toda velocidad.

...

Santiago había estado muy ocupado estos días, desvelarse toda la noche se había vuelto normal en él.

Mariana había terminado el rodaje de su serie, y como ahora tenía suficiente tiempo libre, andaba todo el día en el bufete.

Temprano en la mañana, había traído desayuno al bufete. Justo cuando se bajó del auto, notó un inusual BMW blanco estacionado al lado.

Mariana se detuvo por un momento, apartó la mirada y caminó elegante hacia el bufete con sus tacones.

...

Mariana tocó la puerta de la oficina de Santiago. Santiago estaba revisando documentos, sin levantar la vista ni por un solo instante, solo dijo tranquilo:

—Pasa.

Ella abrió la puerta y entró, fue directo al escritorio. Echó un rápido vistazo a la cantidad de documentos que había sobre la mesa, sorprendido y con un tono de voz muy dulce pero regañona dijo:

Miguel entró.

—Señor Rodríguez, la señorita Núñez quiere verlo.

Santiago se detuvo, dejó el desayuno a un lado y dijo con voz sombría:

—Qué pase.

Miguel se hizo a un lado para dejar pasar a Valeria y Lina.

—Pasen, por favor.

Las dos mujeres entraron. Lina miró a Mariana, y puso los ojos en blanco. Valeria ignoró por completo a Mariana, clavando su mirada sombría en la cara de Santiago.

—Santiago, ¿qué le dijiste ayer a mi mamá?

Al escuchar eso, Santiago dirigió la mirada hacia ella, pero al ver el estado en el que se encontraba Valeria, quedó petrificado. Estaba mucho peor que ayer.

Era esa clase de estado deplorable que haría que cualquier extraño sintiera lástima al verla.

Santiago sintió que algo le apretaba el pecho, se levantó y caminó hacia Valeria, bajó su mirada, sus ojos oscuros reflejaban su cara pálida y fría.

Él, que siempre era frío y dominante, por alguna razón suavizó un poco el tono.

—¿Qué pasó?

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