Valeria llevó a Paz al centro comercial y compró algunos juguetes y ropa para niños. Entonces, su hija le preguntó:
—Mamá, ¿no podemos traer a Noah a casa para que se quede unos días?
Ella acarició la cabeza de su hija y le explicó con dulzura:
—Noah tiene pequeñas tareas que completar todos los días, así que, por ahora no pueda venir a quedarse en Villa Soneto.
La niña parpadeó.
—Entonces, ¿tampoco puede dormir hasta tarde los sábados y domingos?
—Eso lo puedes preguntar tú misma cuando lleguemos.
Paz asintió.
—¡Está bien!
***
Valeria no le avisó a nadie que iba a ver a Noah con Paz, ni siquiera a Brisa. El guardia de seguridad en Residencial Las Palmas no quería dejarla pasar. Ella se quedó en el auto y llamó a Brisa. Esta contestó y salió corriendo.
—¡Esta es la madre biológica del señorito Noah! ¿Quién te dijo que la detuvieras?
—Brisa, no me puedes culpar. —El guardia se veía frustrado—. La señorita Alba me pidió que no dejara pasar a extraños.
La palabra “extraños” hizo que Brisa se pusiera tensa y miró hacia Valeria. Ella estaba sentada en el auto con las manos en el volante, con expresión tranquila. Se había divorciado de Santiago, efectivamente era una “extraña”. Si no fuera por Noah, no tendría ningún deseo de venir a ese lugar.
El auto entró despacio en la casa. Valeria apagó el motor, fue al asiento trasero y bajó a Paz. Después abrió la cajuela, sacó todos los juguetes y ropa que había comprado. Brisa se acercó para ayudar:
—Señorita, yo puedo cargar esto.
Había bastantes cosas, Brisa tenía las manos llenas.
—Señorita, pase por favor.
Valeria tomó la mano de su hija y siguió a Brisa hacia la mansión. Se escucharon pasos desde las escaleras, seguidos de la voz de Susana.
—¡La señorita Núñez está aquí!

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