En el pasillo de emergencia del hospital, Emilio habló, con voz pesada:
—Usar a Noah para presionarla es como matarle el alma.
Del otro lado, Santiago no dijo nada. Entonces, él esperó un largo rato sin escucharlo decir una sola palabra. Se pasó la mano por la cara y preguntó:
—Santiago, ya no puedo hacerte cambiar de opinión, ¿cierto?
—Las cosas han llegado a este punto, ya no puedo dar marcha atrás.
—¡No te compadezco! —le gritó con rabia—. ¡Te lo mereces! Santiago, ya que desde el principio elegiste este camino, ¡no debiste haber molestado a Valeria!
—Estoy tratando de compensar.
—¡Compensar una mierda! —Emilio estaba tanto enojado, como dolido—. Rafael y los demás no se equivocaron, si no te hubiera conocido, la vida de ella no sería tan difícil.
—Voy a arreglar todo. —La voz de Santiago se escuchaba muy baja—. Sé que será muy duro para ella, pero tiene a los niños, creo que podrá seguir adelante.
—¡Vete al carajo! —Como hombre ya no podía escuchar más—. ¿Te aprovechas de que te queda poco tiempo de vida para ser cruel? Te digo una cosa, ella aún es joven, cuando te mueras se va a casar con alguien más joven y saludable que tú, ¡llevándose tu dinero y tu hijo! ¡Y ese hombre va a gastar tu herencia y tu hijo lo va a llamar papá!
La respuesta que recibió, fue tos reprimida del hombre. Luego, se terminó la llamada. Emilio se rascó la cabeza con frustración y salió del pasillo. De repente, casi chocó con alguien. ¡Era Rafael!
—¿Con quién estabas hablando? —Él lo miró fijamente, con aire inquisitivo—. ¿Con Santiago?
Él miró hacia atrás, a la puerta cerrada del pasillo de emergencia, sintiéndose un poco culpable.
—¿Escuchaste?
—Solo escuché algo sobre encontrar a alguien para casarse y algo sobre que tu hijo llame papá a otra persona.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás