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Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás romance Capítulo 48

Valeria escuchó esas palabras hirientes de Nicolás, su corazón se entumeció. Mejor así, efectivamente ella no era la mamá de Nicolás, y ahora de esta manera... estaba bien.

Se retiraría para siempre de la vida de este padre e hijo, ¡dejaría que todo volviera a su curso normal!

Valeria apartó la mirada, se dio vuelta y caminó directo hacia la puerta.

—Valeria...

—¡Cof, cof! ¡Cof, cof!

La cara de Santiago cambió. —¿Nicolás?

Nicolás respiraba con cierta dificultad, se tocó el pecho y se desplomó al suelo.

—¡Nicolás! —Santiago cargó asustado a Nicolás y le gritó a Valeria—. ¡A Nicolás le dio un ataque de asma!

De golpe, Valeria detuvo el movimiento de abrir la puerta.

—Mamá... ¡cof, cof! Mamá...

Nicolás estaba en brazos de Santiago, su carita pálida respiraba con dificultad, pero por instinto extendió una mano hacia Valeria, pidiéndole ayuda. —Mamá, me siento mal... cof, cof...

Valeria apretó la mano que sostenía la manija de la puerta. Decidida cerró los ojos con fuerza diciéndose que no se ablandaría, Santiago estaba ahí, él no dejaría que le pasara nada a Nicolás...

—¡¿Dónde están las medicinas de Nicolás?!

Valeria se sorprendió y se volteó. Santiago estaba cargando a Nicolás, que tenía dificultades respiratorias, mirándola aterrado.

La carita pálida de Nicolás ya no mostraba la ira y resentimiento de antes, solo vulnerabilidad y pena.

El corazón de Valeria se estrujó, soltó la manija de la puerta y corrió directo al cuarto infantil del segundo piso. Santiago siguió cargando a Nicolás.

Al llegar al cuarto infantil, abrió a toda prisa el primer cajón de la mesita de noche y sacó el medicamento...

Después de tomar la medicina, Nicolás se calmó, se recostó en los brazos de Valeria y pronto se quedó dormido. Ella lo acostó en la cama y lo tapó bien.

Durante todo el proceso no dijo ni una palabra, tampoco miró a Santiago ni una vez. Él se quedó parado a un lado, viendo cómo cuidaba con esmero a Nicolás, sus ojos profundos se suavizaron.

Valeria acarició la carita pálida de Nicolás, se levantó y caminó hacia afuera.

—Valeria.

La voz de Valeria casi no se escuchaba entre el viento y la nieve. —No quería estar ni un momento más en ese lugar.

—¡Ya habías estado cinco años, esperar un rato más no te iba a matar!

Las pestañas de Valeria congeladas por la nieve temblaron, sonrió. —No me iba a matar, pero me daba mucho asco...

Lina se detuvo, notó que algo no estaba bien con su estado de ánimo, se tragó las palabras de regaño que tenía, suspiró y primero la subió al auto.

Se cerró la puerta del auto, tomó una manta del asiento trasero y envolvió el cuerpo tembloroso de frío de Valeria.

—¡¿Mujer por qué eres tan terca?! Santiago es una mierda y eso es problema suyo, ¡¿pero tú por qué te pones a torturarte?! Además estás embarazada, la verdad eres...

—Lina.

Lina se detuvo, miró su cara sin una pizca de color por el frío, estaba tan frustrada que su tono no era muy bueno. —¡¿Ahora qué dije?!

—Ayúdame a programar la cirugía.

Lina quedó inmóvil, apretó los labios, quiso decir algo, pero al final solo logró decir: —Está bien.

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