Susana vio su cara y supo lo que estaba pensando.
Bajó la cabeza hacia Noah y le dijo:
—Ve adentro a buscar a tu papá.
Noah asintió y empujó la puerta para entrar. Entonces, Emilio cerró la puerta. Luego, Susana preguntó:
—¿Cómo está?
Él suspiró y negó con la cabeza. Ella arrugó la frente. Luego, Emilio miró la hora y dijo:
—Ya me voy. Trata de convencerlo un poco más, mañana vengo otra vez.
Ella respondió:
—Está bien.
Después de que se fuera, Susana empujó la puerta y entró. Santiago estaba medio recostado, con la mano izquierda bajo las sábanas y una intravenosa todavía puesta en la mano derecha. Noah estaba sentado a su lado, jugando con un rompecabezas, hecho una pequeña bolita, muy juicioso.
Santiago miraba a su hijo con ternura. Sin duda, era una escena conmovedora. Susana se acercó a la cama y dijo, con voz suave:
—El doctor Guerrero se fue.
Él respondió con indiferencia y acarició la cabeza de su hijo.
—Noah.
El pequeño levantó la cabeza al escuchar su nombre.
—Ella es Susana, es una persona en quien papá confía. De ahora en adelante, tienes que obedecerla.
El pequeño asintió. Susana tenía algo que decirle a Santiago, pero no era apropiado hablar delante del niño. Le pidió a Brisa que lo llevara a abajo. En el dormitorio solo quedaron los dos. Santiago tosió varias veces. Ella le contó lo que había pasado en el camino de regreso.
Después de escuchar, Santiago puso una expresión seria.
—El grupo Ortega ha estado bastante activo. La persona detrás de Erik ya no puede mantenerse al margen.
—Quedaron muy pocas pistas de ese entonces —dijo ella, con expresión seria—. Pero, por los movimientos recientes de él, parece que ya saben que tú también participaste en la "operación gris" de ese año. Al parecer, lo que siempre temiste sucedió.

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