—¿Cuál es el motivo?
—¿Santiago no te lo contó ya? —Carlos dejó escapar una risa—. Ese hijo que diste a luz hace años sigue con vida.
A Valeria se le cortó la respiración.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque yo compré al médico para que cambiara a tu bebé por uno que había nacido muerto.
Ella se quedó sin palabras.
—Hablas sin evidencia alguna. ¿Por qué habría de creerte?
El pulso de Valeria se aceleró, pero no quería que lo notara, así que mantuvo la compostura.
—Tanto tú como Santiago afirman que mi hijo no murió, pero ninguno de los dos me ha permitido ver una fotografía o un video suyo. ¿Piensan que soy tan ingenua?
—Claro que Santiago no se atreve a mostrártelo. —Carlos rio con amargura—. El niño está bajo mi cuidado. Si decido no entregarlo, ¿qué podrían hacer al respecto?
Ella apretó los labios.
—Tengo al niño conmigo. Si decidiera usarlo para presionarte y forzarte a casarte conmigo, señorita Núñez, ¿cómo reaccionarías?
La voz de él se tornó amenazante.
—Tengo entendido que ya te divorciaste de Santiago.
Valeria luchó por controlar su rabia.
—Carlos, los asuntos entre él y tú no me conciernen, ¡pero ese niño no tiene culpa de nada!
—Entiendo que el niño es inocente, ¡pero no logro conformarme! —El tono de Carlos se volvió más cínico—. Si Santiago no se hubiera apropiado del hijo de Adrián, ¿habría tenido que planear todo eso para tomar al suyo?

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