—Valeria, tranquilízate. Espera tres días más, en tres días con seguridad traeré a nuestro hijo a casa.
—¡A estas alturas me sigues mintiendo! —Ella miró a Santiago, la esperanza que acababa de encenderse en su corazón se desvaneció otra vez.
—Santiago, ¡eres repugnante!
Él se puso molesto.
—No te estoy mintiendo.
—¡No voy a creer ni una palabra más de lo que digas!
Valeria se dio vuelta y se fue sin mirar atrás. Santiago observó su figura alejándose, sus ojos reflejaban emociones complejas. Cuando ella salió de la mansión, se encontró con Emilio que acababa de bajarse de su auto.
—Señorita Núñez. —Él la detuvo y preguntó con preocupación—. Tú y Santiago...
—Doctor. —Ella lo interrumpió y preguntó—: ¿Mi hijo está vivo?
Emilio respondió:
—Él dice que está vivo.
—¿Lo has visto?
Negó con la cabeza.
—Lo siento, yo también me enteré hace unos días.
Valeria rio fríamente. Por supuesto que era así. Santiago la había engañado una vez más. Ella contuvo toda su ira y se fue. De vuelta en el auto, se recostó sobre el volante para calmar sus emociones.
Solo Dios sabía cómo había logrado manejar hasta allá. Llena de expectativas, creyendo que había recuperado lo perdido, solo para descubrir al final que era otra vez un engaño de él. Al pensar que había caído en la trampa otra vez, se arrepintió y se dio una cachetada.

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