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Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás romance Capítulo 449

A la mañana siguiente, Valeria despertó a las siete. Paz todavía dormía profundamente.

Se acercó a darle cariñitos en las mejillitas suaves de su hija y le dio varios besitos. La pequeña hizo pucheros, molesta por los besos, se dio vuelta y murmuró con su vocecita de bebé:

—Mamá, déjame dormir cinco minutitos más...

Valeria se rio bajito, le acomodó las cobijas y se levantó de la cama. Todavía era temprano. Después de asearse y cambiarse de ropa, Valeria se puso un poco de maquillaje natural.

Por fin iba a tramitar el divorcio, ¡algo bueno! ¡Tenía que verse radiante!

Cuando Valeria bajó las escaleras, justo vio a Rafael entrando de la calle. Él tenía un ramo de rosas en los brazos.

Valeria no sabía si reír o llorar.

—¿De verdad fuiste a comprar flores tan temprano?

—Las pedí anoche, acaban de entregarlas.

Rafael se acercó a ella y le entregó las rosas.

—¡Feliz divorcio!

Valeria tomó las flores, se acercó a olerlas, lo miró, sonriente.

—Gracias.

Roxana salió de la cocina con el desayuno en las manos.

—Vengan a desayunar, coman bien antes de salir, ¡todavía es temprano!

Era cierto que todavía era temprano. Incluso después de desayunar no eran ni las ocho.

Rafael iría con Valeria, eso estaba claro. Pero cuando quiso llevar el ramo de rosas, ella se opuso firmemente. No quería llamar la atención.

Rafael sintió que era una lástima, pero conocía el carácter de Valeria, ella no era de las que les gustaba hacer escándalo.

—Ay, ¿de quién habrá heredado Paz esa personalidad tan extrovertida?

Valeria lo miró de reojo.

—¿No crees que tal vez no sea herencia? ¿Sino que aprendió con el ejemplo?

Rafael se detuvo y rápidamente se dio cuenta de que Valeria lo estaba molestando por ser extrovertido.

—¡Qué bueno que sea como yo! Así nunca la van a lastimar, cuando vea algo que no le guste va a decir lo que piensa, y cuando vea a un patán se va a alejar, ¡qué bueno!

Valeria sonrió sin decir nada. También pensaba que era bueno que su hija no fuera como ella, era más alegre y sociable, sin tantas inseguridades.

***

Los dos tomaron té, y cuando vieron que ya era hora, salieron hacia el registro civil.

El tráfico estaba excelente, desde Villa Soneto hasta el registro civil, todos los semáforos estaban en verde.

Rafael no pudo evitar comentar:

—¡Hasta el cielo nos está ayudando!

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