Valeria entreabrió los ojos sintiendo una pesadez extraña.
La habitación que vio le resultaba familiar. Se sintió confundida por un momento. Este lugar era... ¿la habitación principal de Residencial Las Palmas?
¡Se despertó de inmediato! Valeria se levantó de golpe, pero notó que su cuerpo se sentía torpe. Al mirar hacia abajo se llevó un susto al descubrir que vestía un traje de novia. Sus ojos se abrieron. ¿No era el mismo vestido que había quemado en Ghana cuatro años atrás? ¡¿Qué diablos estaba ocurriendo?!
Valeria examinó el lugar. Volvió a confirmar que se trataba de Residencial Las Palmas. ¿Cómo había terminado ahí? Un dolor punzante atravesaba sus sienes y ella las masajeó. Los eventos previos a su desmayo comenzaron a regresar a su memoria.
¿Acaso Santiago la había raptado? El aliento de Valeria se cortó. ¿Él había perdido la cordura? ¿Primero le manda papeles de divorcio y luego la secuestra?
Valeria hirvió de rabia y se bajó de la cama. Un ruido metálico resonó desde sus pies. Se paralizó, dudó un instante y bajó la vista lentamente. Una cadena estaba en el piso. No podía creer lo que veía. Alzó su falda y descubrió que estaba encadenada en su tobillo izquierdo.
Valeria siguió el recorrido de la cadena y vio que el otro extremo estaba anclado a la pared. Sintió un escalofrío. Su mano que sostenía la falda empezó a temblar. Santiago había enloquecido...
Clic. La puerta se abrió. Ella volteó hacia la entrada. Un hombre ingresó, vestido todo de negro, con porte distinguido. Portaba una charola en las manos. Sobre ella había varios bocadillos y un tazón de arroz.
Al notar que Valeria había recuperado el conocimiento, mantuvo la compostura. Sonrió sutilmente.
—Qué bueno que despertaste, es hora de comer.
Ella clavó la mirada en su atuendo. Era idéntico al traje que había llevado en Ghana hace cuatro años. ¡Valeria consideró que toda la situación era irreal!
—Santiago, ¿tienes idea de lo que estás haciendo? —Lo miró mientras contenía su ira—. ¡Esto es secuestro!
—No es apropiado que te expreses de esa manera.
Santiago colocó la charola sobre la mesa auxiliar junto al sofá, ubicado a los pies de la cama.
—Seguimos estando casados. —Se le acercó y alzó la mano para acariciarle la cara.
Valeria se retiró velozmente. ¡El ruido de la cadena le recordaba la realidad de su situación! Su respiración se volvió agitada.

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