—¡Déjame entrar!
Se escuchaban gritos desde afuera.
Valeria dejó el acuerdo sobre el escritorio de la oficina y se levantó para ir a ver qué pasaba, pero, en ese momento, la puerta de la oficina se abrió de par en par.
Fiona irrumpió. Detrás de ella, Luciana era detenida por Daniel. Entonces, Valeria mostró su molestia.
—¿Qué está pasando?
—Se han pasado de la raya. Les dije que no podían entrar, pero ignoraron mis protestas y se metieron a la fuerza.
Daniel entró y la saludó con una leve inclinación.
—Señora, le pido disculpas. Vengo por órdenes del señor Rodríguez, quien me encargó traer a la señora para que le ofrezca una disculpa.
¿Hacer que Fiona viniera a pedirle perdón? ¿Qué clase de juego se traía Santiago? Daniel miró a Fiona y le recordó:
—Señora, el señor Rodríguez dijo que solo tiene cinco minutos.
Al escuchar esto, el semblante de Fiona cambió. Miró a Valeria con una expresión algo forzada.
—Lo que hice antes estuvo mal. Te pido perdón.
Ella arqueó las cejas, sin darle importancia a esa disculpa tan superficial.
—No necesitas forzarte de esa manera. Si vuelves a molestarme en el futuro, cada vez que vengas llamaré a la policía.
—Tú...
—¡Ejem, ejem!
Fiona quiso decir algo más, pero al ver que Daniel tosía para llamarle la atención, apretó los dientes.
—¡Vengo a pedirte perdón de corazón! —Fiona la miró y se dejó caer de rodillas—. Me equivoqué, no debí haberte golpeado. Señorita Núñez, ¡por favor perdóname!
Valeria la observó con sorpresa. ¡Una persona tan arrogante como Fiona se había arrodillado ante ella! Valeria levantó la vista hacia Daniel.
—No me importa cuáles sean sus motivos para venir a disculparse, pero este comportamiento no es más que acoso y carece de cualquier significado.
Él hizo una mueca con los labios y después asintió.

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