Rafael y Tania se miraron y no pudieron contener la risa.
Valeria le acarició la cabeza a Paz y dijo resignada:
—Paz, hay que ser educada.
Paz asintió, luego saludó a Nicolás de manera natural.
—¡Hola, me llamo Paz!
Nicolás miró la carita rosada y tierna de Paz.
Las facciones de Paz se parecían mucho a las de Valeria, especialmente esos ojos.
Nicolás se sintió un poco inferior.
Mamá realmente tenía su propio hijo ahora, ya nunca más lo trataría tan bien como antes.
Incluso ahora ya no lo dejaba llamarla mamá.
Nicolás sintió que se le aguaban los ojos, pero no quería quedar mal frente a su hermanita, así que forzó una sonrisa.
—Ho-hola, me llamo Nicolás.
En ese momento, sonó el celular de Rafael.
Era el chofer que había venido a recogerlo.
—Paz, me voy a casa, nos vemos mañana.
—¡Adiós padrino! —Paz le mandó un beso volado a Rafael.
Rafael le acarició la cabecita a la pequeña, se despidió de Valeria y se fue arrastrando su maleta.
Valeria entró a la casa cargando a Paz.
Tania las siguió arrastrando su maleta.
Atrás, Nicolás observó la espalda de Valeria con expresión decaída.
Santiago le dio palmaditas en el hombro.
—No te apures, acaba de regresar, dale un poco de tiempo.
Nicolás bajó la cabeza y respondió melancólicamente:
—Sí.
***
En la sala del primer piso, varias mujeres vestidas con uniformes de empleadas dijeron al unísono:
—¡Bienvenida a casa, señora!
Esta ceremonia hasta asustó a Tania.
—¡Por poco pensé que había viajado en el tiempo a la antigüedad!
Valeria echó un vistazo alrededor.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás