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Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás romance Capítulo 189

Emilio le contó a Santiago todo lo que sabía.

Santiago no dijo nada, cargó a Nicolás y se fue. Diez minutos después, el Maybach entró a Villa Esperanza. Daniel estacionó el auto, se bajó y abrió la puerta. Él entró cargando a Nicolás, quien ya se había dormido. Mariana se levantó del sofá y Amanda se apuró a sostenerla.

—Cof, cof... —Mariana tosió varias veces, se llevó la mano al pecho y lo miró con los ojos empañados de lágrimas—. ¿Cómo está Nicolás? ¿Qué dijo el doctor?

—Fiebre causada por indigestión. —El hombre miró a Amanda y luego subió las escaleras cargando a Nicolás.

Tanto Amanda como Mariana se quedaron perplejas. ¡Santiago estaba molesto!

—Mariana, ¿peleaste con Santiago?

Ella negó con la cabeza.

—No, cuando vino a buscar a Nicolás estaba bien.

—Entonces, ¿cómo es que después de ir al hospital regresó así...?

Antes de que pudiera terminar la frase, se escucharon pasos en la escalera. Santiago bajaba. Ambas inmediatamente se callaron. Él llegó a la sala y dirigió la mirada hacia Amanda. La señora sintió que se le cortaba la respiración y apretó sin darse cuenta la mano con la que sostenía a Mariana.

Santiago la observó, con una mirada penetrante que parecía querer atravesarla. Amanda se sintió nerviosa por dentro, sonrió incómodamente y preguntó:

—Santiago, ¿tienes algo que decirme?

—El doctor dijo que Nicolás tiene fiebre por indigestión. ¿Qué le diste de comer estos días?

—Solo... lo normal. —Ella evitó su mirada—. Nicolás también es mi nieto, no le daría cualquier cosa.

—Si vuelve a ocurrir algo similar, ya no dejaré que Nicolás se quede aquí.

Santiago dijo eso y dirigió la mirada a Mariana.

—Nicolás es mi límite. Ni siquiera su madre biológica puede hacerle pasar un mal rato. ¿Lo entiendes?

Mariana se asustó, pero en su cara mantuvo una expresión inocente y asintió. Santiago se dio vuelta y se fue. El sonido del auto se fue alejando. Amanda ya no pudo aguantar más y soltó la mano de Mariana.

—¿Qué quisiste decir?

Mariana gritó, cayó sobre el sofá y se llevó las manos al pecho, tosiendo violentamente. Su mamá no esperaba que con un empujón tan suave, la hubiera tirado. Al ver que ella estaba tosiendo hasta casi no poder respirar, ¡Amanda también se asustó! Era su gallina de los huevos de oro, ¡no podía pasarle nada malo!

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