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Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás romance Capítulo 183

—¿Una invitación de boda? —Rafael se acercó para ver—. ¡Maldición, de Santiago y Mariana! ¿Quién te la mandó? ¿Mariana? ¿Está loca?

Valeria sonrió con frialdad y la tiró a la basura.

—¡Te está molestando a propósito! —Él no podía contener su rabia, se agachó y sacó la invitación del basurero—. Espera, déjame ver la dirección. ¡El día de la boda les voy a mandar excremento a ese par de desgraciados!

Ella suspiró con resignación.

—No vale la pena rebajarse a su nivel. —Ella reaccionó con mucha calma—. Lo más importante es que vivamos bien nuestras vidas.

Él estaba furioso, pero al ver que parecía no darle importancia al asunto, no dijo más. Con un movimiento brusco, la invitación volvió a caer en el basurero.

***

Los Almendros.

El elevador llegó al piso treinta y dos, se abrieron las puertas y Valeria y Rafael salieron.

—¡Monstruo, toma esto!

Con el grito del niño pequeño, una espada de juguete de madera se dirigió al abdomen de Valeria. Ella arrugó la cara. Cuando se preparaba para esquivarla, Rafael ya se había interpuesto. La mano del hombre agarró la espada de madera, mientras que con la otra tiró de la oreja del niño.

—¡Así que eres tú el que derramó agua jabonosa frente a la puerta de nuestra Valeria!

El niño pequeño arrugó la cara de dolor, apartó la mano de él e intentó recuperar su espada, pero no tenía la fuerza suficiente. Se molestó y lo miró fijamente.

—¡Suéltame! ¡Está mal que los adultos molesten a los niños!

—¡No te suelto! —Se rio con sarcasmo—. Estaba pensando qué excusa usar para ir a tu casa a ajustar cuentas contigo. ¡Y mira, tú mismo vienes a entregarte!

—¡No te conozco! ¡Eres malo! ¡Suéltame rápido!

Él ignoró al niño y se dirigió a Valeria.

—Entra, yo me encargo de este niño travieso.

En ese momento, ella también tenía mala cara. Este niño era demasiado travieso. ¡Si esa espada le hubiera golpeado su vientre, las consecuencias habrían sido inimaginables! Era necesario darle una lección.

—Hay un dicho. —Valeria lo miró con una leve sonrisa—. "Entre amigos, cuentas claras, chocolate espeso".

Rafael suspiró.

—Pero nosotros no somos solo amigos, somos familia.

—Por eso mismo. —Ella tenía expresión seria—. Puedes pensar que soy demasiado orgullosa o complicada, pero si no pago mi parte, no me sentiré cómoda viviendo en tu casa.

—Está bien entonces. Nunca había visto a alguien como tú: puedes aguantar pérdidas, pero cuando se te ofrece algo bueno, ¡no lo quieres!

Ella sonrió sin refutar.

***

Esa misma noche, Valeria contactó a la empresa de mudanzas y también le contó a Carmen sobre la mudanza. Al saber que se mudaría a casa de Rafael, estuvo de acuerdo. A la mañana siguiente, Rafael fue a ayudarla a empacar.

Como era una mudanza temporal, en poco más de un mes se irían a Ciudad Estelar, ella solo empacó algunos objetos valiosos y artículos de primera necesidad. Esa casa tenía rastros de la vida de su mamá, aunque muy breves, conservarlos era también un recuerdo. Así que, no planeaba venderla.

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