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Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás romance Capítulo 179

Villa Esperanza. Con el permiso especial de Lucas, Mariana había dejado el hospital para preparar su boda.

Durante estos días, Amanda se había instalado en la villa para ayudar a Nicolás y organizar los preparativos del matrimonio. Después del último episodio, Lucas había gastado una fortuna para conseguir un medicamento experimental en el extranjero. Este costaba cientos de miles de dólares, logrando sacar a Mariana de las garras de la muerte.

El tratamiento había surtido efecto: el estado de ánimo de ella había mejorado y su cara tenía mejor aspecto. Aunque Santiago estaba de viaje de trabajo, ella mantenía la costumbre de llamarlo por videollamada cada día a la misma hora. Con su memoria fragmentada y el cáncer cerebral, Santiago solía seguirle la corriente la mayor parte del tiempo.

Sin embargo, cuando el trabajo lo absorbía, no siempre podía atender sus llamadas. Para Mariana, esa rutina de "supervisión" se había vuelto algo que disfrutaba.

Ese día, la empresa de eventos había traído muestras de dulces y obsequios para la ceremonia. Mariana quería que Santiago participara en la selección. Intentó comunicarse con él por videollamada, pero no respondió. Después de tres llamadas sin respuesta, estaba a punto de insistir, cuando Amanda le sujetó la mano. Ella se detuvo y alzó la mirada.

—Mamá, ¿qué pasa?

—No puedes asfixiar así a un hombre.

Amanda la miró con seriedad.

—Santiago tiene un carácter muy fuerte. No puedes aprovecharte de su amor para hacer lo que se te antoje.

Ella arrugó la cara.

—Solo quiero que sea parte de cada detalle de nuestra boda.

—Pero él tiene sus responsabilidades —replicó su mamá—. Los hombres necesitan mantener su imagen en el ámbito laboral. Si lo vigilas, ¿qué van a pensar sus colegas?

Ella apretó los labios, molesta. Amanda le acarició la mano con suavidad.

—Ten calma. Falta menos de un mes para la boda, este es el momento crucial para mantener la compostura. Tengo experiencia en esto: la clave para manejar a los hombres es la paciencia y la estrategia. A veces hay que retroceder para poder avanzar.

Mariana asintió.

—¡Por supuesto que sí!

El niño dejó el rompecabezas a un lado, con expresión abatida.

—Papá y mamá tuvieron una pelea terrible. En el vuelo de regreso, papá me dijo que cuando la vuelva a ver, la trate de "tía" en lugar de "mamá".

Los ojos de ella brillaron con satisfacción.

—Tu papá solo trata de protegerte.

—¡Eso no es protección! ¡Mi mamá se fue por su culpa! —Nicolás suspiró con indignación—. Él es terrible para hablar. Cuando mamá dice muchas cosas, él apenas responde con una o dos palabras. No tiene idea de cómo consolar a las personas. La hizo enojar tanto que se fue y cuando quise seguirla, ¡no me dejó!

La frustración crecía en su voz. Al recordar esa escena, el niño sintió ganas de llorar. Desde entonces, cada noche soñaba que mamá tenía un bebé nuevo en brazos y que lo trataba con todo el cariño y la ternura que antes le daba a él.

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