Al llegar al hotel.
Lina abrió la puerta con la tarjeta. Valeria se estremeció y, tapándose la boca, corrió al baño.
Desde el baño se escucharon los sonidos de las arcadas de Valeria.
—¡Valeria! —Lina corrió tras ella.
Santiago y Emilio se quedaron parados en la puerta, escuchando los dolorosos sonidos del vómito. Ambos tenían expresiones graves.
Después de un buen rato, los vómitos cesaron. Lina salió del baño sosteniendo a Valeria, quien estaba extremadamente pálida.
La habitación tenía dos camas. Lina ayudó a Valeria a acostarse en una de ellas.
Valeria se sentía fatal. Después de acostarse, cerró los ojos y se quedó dormida de inmediato.
Lina le tocó la frente. Tenía un poco de fiebre.
Le puso las cobijas encima, se levantó y caminó hacia la puerta y, mirando a Emilio, dijo:
—Déjame tu botiquín médico.
Emilio se lo pasó.
—¿Está bien?
Lina le lanzó una mirada siniestra a Santiago y dijo con frialdad:
—Gracias a cierta persona, vomitó sin parar en el aire y al aterrizar le dio fiebre. ¿Tú qué crees?
Emilio no supo qué decir.
Lina le arrebató el botiquín de las manos y cerró la puerta de golpe.
Afuera, Emilio se tocó la nariz y negó con la cabeza.
—Ay, mira el lío que armaste... ¡qué barbaridad!
Santiago apretó sus labios, con el rostro sombrío. Después de unos segundos, se dio la vuelta y caminó hacia el elevador.
Emilio le gritó a su espalda:
—¡Oye! ¿A dónde vas?
***
Dentro de la habitación, Lina le tomó la temperatura a Valeria.
Treinta y siete punto siete.
Por suerte no era muy alta.
Abrió el botiquín y buscó por todos lados, pero por desgracia no encontró medicamentos aptos para embarazadas.
Al final, solo pudo usar alcohol para limpiarla y bajarle la temperatura de forma física.
Valeria estaba bastante enferma. Incluso dormida, su entrecejo permanecía fuertemente fruncido.
Lina la miraba con el corazón destrozado, ¡maldiciendo a Santiago una vez más en su mente!
Le hizo señas con la mano, diciéndole:
—Valeria, este no es lugar para ti, regresa rápido.
Ella negó con la cabeza, las lágrimas cayendo por sus mejillas.
—Mamá, estoy tan cansada. ¿Puedo irme contigo?
—Tontica, ahora tú también eres mamá, ¿cómo puedes decir esas tonterías? Tu hijo te necesita, Valeria, debes proteger a tu hijo, él también te protegerá...
¿Hijo?
Valeria bajó la mirada aturdida y descubrió que su vientre estaba abultado.
Estaba en shock.
En un abrir y cerrar de ojos, todo el paisaje a su alrededor se distorsionó, ¡volviéndose completamente color rojo!
Miró hacia abajo de nuevo. Su vientre había desaparecido, y debajo de ella había un río de sangre...
—¡Ahhhh!
Valeria gritó y abrió los ojos de golpe.
—¡Valeria!
Lina corrió hacia ella asustada. Al ver su rostro cubierto de sudor y lágrimas, supo que había tenido una pesadilla.
Valeria respiraba agitadamente, sus manos húmedas aferraban con fuerza a las cobijas.

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