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Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás romance Capítulo 137

En el momento que la revista voló hacia ella, Valeria se sobresaltó, se cubrió con agilidad la barriga y se puso de pie.

“¡Paf!” La revista cayó a los pies de Valeria.

Valeria se enfureció, miró la revista en el suelo y alzó la vista hacia Nicolás.

—Nicolás, ¿qué estás haciendo?

Se cubría la barriga, ¡aún con el susto! Si no hubiera reaccionado a tiempo, esa revista le habría pegado directo en el vientre.

Nicolás se quedó viendo la mano con la que Valeria se cubría con fuerza la barriga, y sintió una fuerte inquietud y celos.

¡Su mamá... en verdad estaba esperando un bebé!

—¡Nicolás, contéstame!

De pronto, él reaccionó y alzó la cabeza para ver a Valeria.

Valeria estaba enfurecida, y esa furia en sus ojos era algo que Nicolás veía por primera vez. Su mamá nunca lo había mirado de esa manera, ¡era la primera vez!

Por el nuevo bebé, su mamá hasta le había gritado...

A Nicolás se le llenaron los ojos de lágrimas, apretó los labios aguantando el dolor y con voz entrecortada dijo:

—Mamá, vi que tenías un bicho en la barriga, quería ayudarte a espantarlo...

Al escuchar eso, Valeria quedó pasmada.

¿Un bicho? ¿De dónde iba a salir un bicho en la oficina?

Nicolás bajó la cabeza y comenzó a sollozar con tristeza.

—Mamá, perdón, te asusté.

Lloraba contenidamente, sus hombros temblorosos se veían muy pequeños e indefensos.

Valeria arrugó la frente, dudando si no estaría siendo demasiado susceptible. Nicolás era solo un niño de cinco años, no debería ser capaz de hacerle daño...

Además, él no sabía que estaba embarazada.

—Nicolás.

La voz de Santiago se resonó desde afuera. Valeria y Nicolás voltearon al mismo tiempo hacia la puerta al escucharlo.

—¡Papá!

Nicolás corrió directo a abrazar a Santiago.

—¡Papá, por fin apareciste! ¡Buaaa! No volviste a casa, y mi mamá ya no me quiere, tenía mucho miedo de estar solo en casa...

—Mientras no nos divorciemos, legalmente sigues siendo la tutora de Nicolás, y tienes la obligación de cuidarlo.

Valeria volteó con rabia hacia Santiago, casi sin poder creerlo.

—¡En verdad eres un sinvergüenza!

Santiago sonrió con frialdad y dijo:

—Valeria, si quieres terminar en buenos términos, si quieres salir con dignidad, puedo cooperar, pero tengo condiciones: tienes que aceptar mis tres condiciones. Piénsalo bien, cuando decidas, me contactas.

Dicho eso, sin darle oportunidad alguna a Valeria de replicar, cargó a Nicolás y se fue.

Valeria quedó ahí inmóvil, escuchando los pasos del hombre alejándose, furiosa e impotente.

¡Santiago superaba por completo una y otra vez su concepto de lo rastrero!

Valeria estaba verdaderamente enojada, las sienes le palpitaban de dolor.

Se apoyó en el brazo del sofá para sentarse, se cubrió con tristeza la barriga, cerró los ojos y trató de calmarse.

***

Lily fue despedida. Con la condición actual de Mariana, Santiago tenía que seguir cuidándola en el hospital.

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