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Señor Lafuente, su esposa ha pedido el divorcio hace tiempo romance Capítulo 817

Sin embargo, con lo de la demanda contra Grupo Mena, Natalia no tuvo tiempo de seguir con ese tema.

Si Jellene los estaba demandando exigiendo una indemnización, sin duda también solicitaría medidas cautelares. Por eso, en cuanto José terminó de revisar la copia de la demanda, lo primero que hizo fue contactar al director jurídico y a los abogados, y además se comunicó con el equipo técnico de Grupo Mena para pedirles que volvieran a la empresa y, junto con Natalia, hicieran una revisión completa, además de reunir toda la cadena de evidencia: bitácoras de desarrollo, historial de versiones, registros de Git, entre otros.

En cuanto Natalia terminó de ver las noticias en internet, se fue de inmediato a Grupo Mena. Pero después de pasar toda la noche en vela revisando todo junto con el equipo técnico de la empresa, cada vez estaba más preocupada.

Cierta parte característica del código de Jellene, en efecto, aparecía tal cual en el código de su propia empresa. Además, era verdad que el año pasado le habían quitado a un programador a Jellene, y precisamente lo habían contratado porque esa parte de la tecnología que Jellene había desarrollado encajaba con lo que necesitaba su empresa. Pero ellos no habían vuelto a usar a ese programador en particular. Aun así, algunos de los parámetros de los algoritmos y ciertos coeficientes específicos que su empresa utilizaba en esa tecnología, sin duda, coincidían con los de Jellene...

Al conocer este resultado, no solo José se preocupó, sino también Liliana.

Para entonces, ya había amanecido afuera. Ni los Rojas ni los Mena habían logrado dormir nada. Rita y Alejandra también estaban esperando noticias. Al escuchar este resultado, las dos se desesperaron por completo. Sabían que, si Jellene de verdad ganaba el juicio, tendrían que pagarles una indemnización de más de doscientos millones de dólares.

Pero lo que en realidad perderían no se limitaría a esos doscientos y tantos millones: en cuanto se congelaran las cuentas de José y se rompiera su flujo de capital, no solo perderían todo el dinero que ya habían invertido, sino que además tendrían que pagar cierta compensación a sus socios comerciales.

Con expresión seria, Liliana dijo:

—Nati, mejor contacta a Logan.

Natalia también entendía que, si este asunto no se manejaba bien, podía traer una catástrofe total tanto para los Mena como para los Rojas, así que tampoco se atrevía a perder tiempo.

Al ver que el mensaje que le había mandado a Logan antes de la medianoche seguía sin respuesta, sintió cierta tristeza, pero aun así lo llamó por teléfono.

—Ahora mismo probablemente tiene muchísimos asuntos que resolver —dijo Liliana—. Es normal que no se le pueda contactar.

Como lo de la cena ya se había filtrado a internet, Logan seguramente tenía que dar explicaciones tanto en Grupo Lafuente como en el resto de sus empresas. Lo más probable era que, en ese momento, él estuviera todavía más ocupado y con más problemas encima que ellos mismos.

Natalia también pensaba lo mismo.

Antes de que pudieran llegar a ninguna conclusión clara, se dieron cuenta de que la cuenta de José ya había sido congelada.

Y muy pronto descubrieron algo más: Jellene no solo había demandado a José, sino que también había incluido a Natalia, a Liliana y a los demás como codemandados. Sus cuentas también habían sido congeladas.

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