Punto de vista de Judy
Me quedé mirándolos a los dos, estupefacta. No podía haberla oído bien; ¿Nan estaba embarazada?
Hace mucho tiempo, ella me confesó que no podía tener hijos. Pero por la forma en que me miraba, supe que no estaba bromeando. En ese momento, me di cuenta de lo pálida que estaba... de lo distante que parecía ese día. Había tenido una mirada ausente antes de caminar hacia el altar, así que me pregunté si tendría algo que ver con el hecho de que estaba embarazada.
¿Cuándo se había enterado siquiera? ¿Y por qué no me lo había dicho antes?
—¿Embarazada? —pregunté, encontrando finalmente mi voz—. ¿Desde cuándo lo sabes?
—Desde hace poco —dijo Nan rápidamente—. Nos acabamos de enterar hace unos minutos.
—Por eso fuimos a la farmacia —explicó Chester, rodeando los hombros de Nan con un brazo protector—. Toda la noche se estuvo sintiendo mal y esta mañana le costaba retener cualquier alimento, estaba mareada y descompuesta. No dejé de insistirle en que debíamos ir al médico, pero ella se negó a ir para estar en tu boda.
Mis ojos volvieron a Nan y vi lágrimas en los suyos.
—Soy tu dama de honor, no podía perderme tu boda por un malestar estomacal —explicó, sorbiendo por la nariz—. Tomé algo de medicina y esta mañana casi me sentía bien. Excepto que, cuando llegamos aquí, corrí al baño a vomitar antes de ponerme este vestido. Después, pensé que me iba a desmayar cuando caminamos hacia el altar; estar allí de pie fue como una tortura porque me aterraba vomitar durante tus votos.
Se me rompió el corazón por Nan; no podía imaginar lo que debió de estar sufriendo en ese momento.
—En cuanto vi que se besaron, supe que tenía que salir de allí, así que corrí por el pasillo e intenté buscar un escondite afuera. Pero tu madre terminó siguiéndome porque me vio correr. Me sostuvo el cabello mientras vomitaba en un arbusto; es lo más vergonzoso que me ha pasado en la vida.
—Oh, Nan... —dije, acercándome a ella.


—Estábamos discutiendo qué íbamos a hacer ahora —explicó Nan—. Quería decírtelo... pero es el día de tu boda y no quiero quitarle protagonismo a...

Este tenía que ser también el día más feliz de su vida... descubrir que llevaba un bebé propio era todo lo que siempre había deseado, además de ser una chef reconocida y tener su propio restaurante de cinco estrellas. Desde que la conocía... Nan siempre había querido ser madre.
—Estoy tan feliz por ti —susurré.
—Aquí están —oí una voz detrás de mí, y sin voltear a mirar, supe que era Irene—. Es hora de cortar el pastel. De lo contrario, Matt va a tener un ataque y se va a transformar en lobo. Y... oh, por la Diosa… tu maquillaje.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo al suegro de mi ex