Alexander salió finalmente de la reunión y tomó su teléfono. Al revisar las llamadas perdidas, vio que desde la mansión Hart habían intentado comunicarse con él varias veces, además de algunas llamadas de su nana Lucía.
Sin embargo, fue un mensaje de Valentina lo que llamó de inmediato su atención. Lo abrió y, al leerlo, su expresión cambió por completo.
—¡Alexander! —exclamó Daniel, preocupado.
Acababa de terminar una llamada con Lucía, quien le había informado lo que estaba ocurriendo en la mansión Hart.
“Samantha Miller ha venido a verme. ¿Qué querrá tu amiga?”
Valentina le había enviado el mensaje justo antes de recibir a Samantha.
— ¡Maldita sea! — Soltó Alexander.
….
—Tranquila, Valentina —continuó Samantha—. Sé cómo ha sido el matrimonio entre ustedes desde que se casaron.
—¿Cómo ha sido? —preguntó Valentina, manteniendo la calma.
Samantha arqueó las cejas y cruzó los brazos. Había notado la inseguridad que comenzaba a reflejarse en el rostro de Valentina y decidió continuar.
—Sé que fuiste obligada a casarte con Alex cuando estabas enamorada de otro hombre. Durante casi tres años, su matrimonio estuvo lleno de discusiones, y buena parte de ellas fueron por Anthony Solís, ese hombre al que no dejabas de decirle a Alex que amas.
Valentina suspiró y recargó la espalda contra el sofá. Si Samantha conocía tantos detalles de su matrimonio, debía ser alguien muy cercana a Alexander.
—Valentina, estoy aquí por ese asunto —habló nuevamente Samantha—. Me enteré de que algo cambió entre ustedes y me preocupa que Alex no se dé cuenta de que tal vez solo estás actuando así porque compró todas esas joyas para ti en aquella subasta, sobre todo el corazón de diamante que adquirió por trescientos millones.
Valentina soltó una risa cargada de sarcasmo. Aquella mujer no sabía realmente nada, y eso fue suficiente para devolverle por completo la seguridad. Los millones que Alexander había gastado en aquellas joyas, especialmente en el corazón de diamante, no tenían absolutamente nada que ver con su cambio.
—Samantha, por un momento pensé que Alexander te contaba todo, pero veo que no es así —dijo finalmente—. Te diré algo: esas joyas podría haberlas comprado yo misma, sin necesidad de que Alexander hiciera una sola puja. Incluso podría haber pagado más de trescientos millones por el corazón de diamante.
—Con el dinero de Alex… —interrumpió Samantha.
—Como sea, soy su esposa y puedo gastar todos los millones que quiera, o al menos eso me dijo desde el día que nos casamos, a pesar de las circunstancias.
Valentina no mentía. Recordaba perfectamente aquella conversación. Alexander le había dejado claro que, como su esposa, podía tener todo lo que quisiera. Incluso le había entregado sus tarjetas de crédito y le había dicho que las utilizara sin dudarlo.
—Ahora, si eso es todo lo que viniste a decir, puedes irte —dijo Valentina, levantándose de su asiento.
—No es todo —respondió Samantha con seriedad—. Como te dije, estoy preocupada por Alex. Desde que empezaste a cambiar tu actitud con él, no ha vuelto a visitarme…
—¿Y por qué tendría que visitar a mi esposo? —la interrumpió Valentina, manteniéndose de pie.
Samantha arqueó las cejas y dejó escapar una sonrisa ladeada.
—Por lo visto, no confía en ti —dijo—. Ni siquiera te ha contado nada sobre su vida antes de ti.
Valentina frunció el ceño. Aquella mujer seguía sin ser de su agrado y no quería prolongar la conversación, pero sus palabras habían despertado su curiosidad. Si Samantha sabía cosas de Alexander que ella desconocía, quería saber cuáles eran.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....