Basilio suspiró con frustración ante las palabras de Camila, llevándose la mano a la frente. Girándose hacia Genoveva, su voz dejó entrever un matiz de fastidio. "Genoveva, esta vez te has pasado. ¡Esto es la boda de Zac y Lyra, no una discoteca! Aunque ese sea tu estilo habitual, un evento así requiere más decoro. Tu vestido es... poco apropiado, por decir lo menos. Por favor, ve a cambiarte ahora mismo."
Genoveva apretó la mandíbula. "Papá, vamos, no es para tanto."
Jamás había seguido códigos de vestimenta, ni siquiera en funerales, mucho menos en bodas. Lucir sus encantos era su sello personal, ¿y qué tenía de malo?
Siempre la imagen de la dulzura angelical, Camila intervino: "Sí, papá tiene razón. Quizá deberías cambiarte. ¿Trajiste algo menos, digamos, 'llamativo'?"
Genoveva estaba a punto de replicar, pero Camila la interrumpió con la precisión de una comediante experimentada. "¡Ay, qué tonta! De todos modos, no cabrías en mi ropa, no con esas... curvas. Pero la casa de la tía Priscila está cerca. Su armario, ese sí podría servirte."
Las mejillas de Genoveva se tiñeron de verde esmeralda. Hombres como Basilio y Dámaso no captarían la indirecta, pero Genoveva la entendió perfectamente.
¿La tía Priscila, la gordita de mediana edad, era su doble? ¡Qué descaro!
La tensión en el ambiente era palpable, a punto de estallar. Pero la expresión confundida de Basilio cortó el aire cargado. "¿Tía Priscila? Cami, ¿de quién hablas? ¿Desde cuándo tienes una tía?"
Clarisa Nunó, la madre de Camila, siempre había sido considerada huérfana.
"Es la hermana de mamá," sonrió Camila a Basilio, suavizando el tono.
Antes de que Clarisa falleciera, Camila, Basilio y Zacarías eran su mayor preocupación.
Ahora, aunque Zacarías seguía recuperándose de su coma, Lyra, la sobrina de mamá, estaba a su lado, entregada y amorosa. Eso alegraría a su madre, Camila lo sabía.
Basilio, contagiado por la emoción de Camila, le apretó la mano. "¿Dónde están? ¡Vamos, llévame! Pasé años junto a Ari y nunca conocí a su familia."
"Vamos," dijo Dámaso, con una leve sonrisa en los labios. Tomó a Serafina en brazos y cogió la mano de Simeón.
"Le prometí a la señora Quinell que llevaría a los pequeños a conocerla. Ya que papá también está entusiasmado, bien podemos convertirlo en un asunto familiar."

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