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Renacer: Reina de Oro, Ex de Barro romance Capítulo 83

Ana le secó las lágrimas de las mejillas.

—De ahora en adelante, tienes que contarme cualquier cosa que pase. Es cierto que ahora no tenemos la capacidad suficiente para rebelarnos contra los adultos ni para luchar por nuestro futuro, pero no podemos resignarnos al destino.

—Tatiana, Leonardo y yo somos tu mayor apoyo. Dos cabezas piensan mejor que una, tienes que creerlo. Guarda la tarjeta rápido, que nadie la vea. Y contacta a la persona que te mencioné mañana al mediodía. Entrégale todas las libretas de dibujos que tienes en la mochila.

—Él te va a ayudar, Tatiana. No tengas miedo. Tienes que esforzarte al máximo en el ENIS, eso te dará puntos a favor para una vida diferente. Tatiana, prométeme que desaparecerás por completo hasta que tengas la fuerza necesaria para enfrentarte a tu padre.

—Cuando llegue el momento, yo te buscaré. Yo misma me encargaré de conseguirte los resultados del examen y la carta de admisión universitaria. Vas a seguir estudiando en la universidad. Si me entendiste, asiente.

Tatiana asintió vigorosamente.

—Ana, gracias.

La abrazó con fuerza. No sabía qué más decir; aparte de "gracias", no tenía otras palabras.

Ana intentó bromear.

—No tienes que agradecer, solo asegúrate de trabajar duro para mí en el futuro.

Tatiana tenía muchas preguntas, pero en ese momento no quería hacer ninguna. Sentía que Ana era un ángel enviado del cielo para salvarla.

Haría exactamente lo que ella le dijera.

—Bueno, sécate las lágrimas rápido, que Leonardo no te vea así.

Tatiana también levantó la mano para secar las lágrimas del rostro de Ana. Ana había planeado decírselo después del ENIS, pero pensó que no habría tiempo suficiente, y además, en su vida pasada, sus sedes de examen estaban en lugares diferentes. Así que, para evitarle presión psicológica y permitirle concentrarse en el estudio, lo organizó todo por adelantado.

Las dos regresaron de la mano a la cafetería, y para su sorpresa, vieron que el Asistente Yepes, quien se suponía que se había ido antes junto con Mauricio, estaba rodeado por los estudiantes.

Especialmente por las chicas.

—Asistente Yepes, ¿el Señor Mondragón tiene novia?

—Y si la tiene no importa. Asistente Yepes, si nos va mal en el ENIS, ¿nos puede echar una mano para que trabajemos en la recepción?

—Sí, aunque nuestras calificaciones no sean buenas, sí podemos servir café y fotocopiar documentos.

—Asistente Yepes, pásenos su WhatsApp. Yo no quiero el del Señor Mondragón, quiero el suyo. Usted tampoco tiene novia, ¿verdad?

Ana se llevó la mano a la frente.

A su lado, Leonardo y sus amigos hacían muecas.

—Qué interesadas son las mujeres.

—¿No les gustan los chicos jóvenes, tienen que fijarse en los mayores?

—Ni siquiera han hecho el ENIS y ya quieren postularse para trabajar en la recepción.

—¿Desde cuándo el Corporativo Mondragón no pide título universitario ni siquiera para servir café y fotocopiar documentos?

Hacía mucho tiempo que Zacarías Yepes no se veía rodeado por tantas chicas. Por supuesto, chicas que solo eran estudiantes.

De repente, Leonardo se arrepintió un poco; no debió sugerirle a Ana que invitara ella a la clase.

Claro, Leonardo no pensaba que hubiera nada malo en ello, simplemente no se sentía a gusto.

—Ana...

—Asistente Yepes, ha sido una molestia para usted. Por favor dígale al Señor Mondragón que me esforzaré mucho, y gracias por la recompensa. En nombre de toda la clase, le hago una reverencia y le expreso nuestra gratitud. Gracias a la generosidad del Señor Mondragón, seguramente los estudiantes que busquen su patrocinio el próximo año se esforzarán aún más.

—¡Que tenga un buen viaje de regreso!

Ana respiró hondo. Todo el tacto y las falsas cortesías que aprendió trabajando al lado de Mauricio en su vida pasada, las estaba aplicando con él en esta.

Sin embargo, además de agradecer, Ana dejó claro que la acción de Mauricio no era una recompensa exclusiva para ella, sino una forma de consolidar la promesa de apoyo del Corporativo Mondragón a sus estudiantes patrocinados, motivando así a los candidatos del próximo año.

Era todo un empresario, siempre tan estratega.

A Zacarías le tembló levemente la comisura de los labios y no dijo nada para desmentirla, porque Mauricio efectivamente lo había hecho por esa razón. No había ningún interés oculto hacia la chica; eso no existía.

El Señor Mondragón era devoto de la soltería.

—Bien, espero nuestro próximo encuentro.

Zacarías salió de la cafetería. Ana levantó la mirada y, sin importarle si Mauricio la veía o no, hizo un corazón con los dedos hacia él. Leonardo se acercó haciendo un puchero, pero justo cuando estaba por llamar a Ana, el teléfono de ella sonó.

Leonardo: "..."

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