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Renacer: Reina de Oro, Ex de Barro romance Capítulo 102

A Ana le tembló ligeramente la comisura de los labios. Antes, todas esas miradas de admiración estaban dirigidas exclusivamente a Julián. Aunque ella no le daba demasiada importancia al Certamen Metropolitano de Física... Bueno, no era solo eso; jamás imaginó que el detalle del Señor Mondragón al comprar frappés para toda la clase causaría tanto alboroto. Sin embargo, no tenía ninguna intención de convertirse en la estrella del instituto.

Hasta que terminara el ENIS, su único objetivo era mantener un perfil bajo.

—Chicos, las clases están por empezar y no queremos interrumpir a los demás. Si quieren desearme suerte o tomarse fotos, ¿qué les parece si esperamos hasta el día que entreguen las cartas de aceptación? Le pediré a los profesores que les avisen y yo misma me quedaré aquí para tomarme fotos con quien quiera. ¿Les parece bien? —dijo Ana con un tono amable, alzando un poco la voz.

—¡Eres increíble, Ana!

—¡Suerte en el ENIS!

Ana les recomendó que tuvieran cuidado con las escaleras y, bajo la protección de Leonardo, finalmente logró entrar al salón.

¡Pum!

Nada más cruzar la puerta, un cañón de confeti estalló sobre ella, cubriéndola con una lluvia de papel de colores. Uno de sus compañeros, a quien ella había ayudado antes, gritó emocionado:

—¡Démosle la bienvenida a nuestra campeona del Certamen Metropolitano de Física, Ana Nogales! Ana, gracias por las bebidas. ¡Por favor, llévanos contigo a la victoria en el ENIS!

¡Clap, clap, clap!

Los aplausos resonaron con fuerza. Leonardo se cruzó de brazos frente a ella con actitud triunfal; era obvio que la idea había sido suya.

—Ana...

—Hoy te toca hacer el aseo del salón, ¿verdad? Mejor ponte a limpiar todo esto antes de que llegue la Profesora Helena —lo interrumpió Ana, lanzándole una mirada de advertencia.

Leonardo sonrió.

—Tranquila, ya hablé con la profesora. Nos dio permiso para celebrar un poco, siempre y cuando no hagamos un desastre. ¡Vamos, Ana, sube a decir unas palabras! Eres nuestra representante oficial.

Apenas terminó de hablar, la voz sarcástica de Julián, que por primera vez no había faltado a clases, cortó el ambiente.

—¿Representante oficial? ¿Acaso tú lo decidiste, Leonardo?

Ximena no tardó en unirse al ataque.

—Exacto. ¿En serio creen que con unas cuantas bebidas ya compró a toda la clase? Ana, Julián sigue siendo el número uno del grado. Ganar un simple certamen de física no demuestra nada.

Ana esbozó una leve sonrisa.

—Tienen razón, no demuestra nada. Salvo el hecho de que te gané.

Señaló directamente a Julián.

—Julián, por mucho que te duela, la realidad es que perdiste.

Al instante, Julián se levantó de su asiento, furioso.

—¡Ana!

Leonardo, que ya les había hecho una seña a sus amigos, se interpuso de inmediato junto con otros cinco chicos.

—No me hagas repetirlo, Julián. Ana está bajo mi protección.

Ana abrió el frappé especial que Leonardo le había encargado a Zacarías Yepes, y en respuesta, todos los estudiantes —excepto Julián y Ximena— alzaron sus vasos gritando:

—¡Al éxito en el simulacro!

Julián estaba tan furioso que quería tomar su mochila y largarse.

Si hoy no había faltado, era solo por Ximena. Claro que había puesto varias alarmas para no repetir su error, pero la realidad era que seguía con la misma camiseta y ropa interior del día anterior.

Su madre no había lavado nada, y él tampoco pensaba hacerlo; estaba acostumbrado a que lo hicieran por él. Simplemente planeaba botar la ropa sucia cuando no aguantara más.

Siempre había sido un niño mimado y ahora se sentía profundamente incómodo. De haber sabido, habría comprado ropa nueva de camino, aunque tendría que lavarla antes de usarla, algo que tampoco estaba dispuesto a hacer.

Ya habría tiempo para eso. Cuando el ENIS terminara y por fin estuviera con Ximena, ella se encargaría de lavarle la ropa.

La mañana transcurrió entre las acaloradas discusiones de los alumnos. Al mediodía, Ana necesitaba salir de la escuela para hacer unas diligencias, pero en cuanto se levantó, Leonardo le bloqueó el paso.

—¿No vas a la cafetería? ¿A dónde vas?

—Tengo un asunto pendiente, comeré fuera. No te preocupes por mí. Ah, y en cuanto termines de comer, repasa diez veces el nuevo banco de preguntas que te compré. Lo revisaré después de clases.

Leonardo no se movió.

—Primero aclaremos algo. Tatiana faltó hoy, y no responde mis mensajes. ¿Acaso ustedes dos están planeando algo a mis espaldas?

Ana lo miró en silencio.

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