Se rumoreaba que el corte había sido limpio y horizontal; era imposible siquiera imaginar el nivel de dolor.
Alejandro estaba de pie bajo el marco de la puerta; las sombras ocultaban a la perfección la expresión de su rostro, dejando entrever únicamente el brillo ardiente en la profundidad de sus oscuros ojos.
—Avisa a la familia Longoria para que vengan a llevárselo.
—Si ellos deciden...
—Sin pruebas sólidas, nadie se atreverá a hablar de más. Y si quieren llamar a la policía, que lo hagan.
Santiago levantó un poco la vista. Al principio, había creído que esto era obra de su jefe, pero ahora... ¿por qué sentía que no era así?
—Sí, señor.
Tras una serie de incidentes uno tras otro, todo el personal del hospital estaba sumido en el pánico.
El director del hospital volvió a pararse fuera de la habitación VIP, caminando de un lado a otro como si tuviera clavos en los zapatos.
La novia del Señor Silva casi había sufrido una tragedia en sus instalaciones, y ahora, al heredero de la familia Longoria le habían cortado su virilidad... Cualquiera de los dos eventos era suficiente para acabar con su carrera profesional.
Pero la noche anterior, por alguna razón, todas las cámaras de seguridad habían fallado misteriosamente. Tampoco había testigos, y Hernán Longoria aún seguía inconsciente...
Aunque armaran un escándalo mundial, jamás encontrarían pruebas.
Al fin y al cabo, todo el mundo sabía que Hernán tenía una larga lista de enemigos.
De solo pensarlo, al director le dolía la cabeza, e incluso consideró presentar su renuncia.
Finalmente, la puerta se abrió y la imponente figura del hombre salió de la habitación. Llevaba puesto un traje oscuro, irradiando un aura de absoluto poder.
—Señor Silva...
El director se apresuró a dar explicaciones.
—Lo que le pasó al joven Longoria anoche no puede ser culpa nuestra, los guardias estaban haciendo sus rondas normales...
Alejandro se detuvo. Su mirada gélida y oscura se posó sobre él.
—La policía determinará quién tiene la culpa. Usted no tiene de qué preocuparse, director. Solo cumpla con sus obligaciones y eso será suficiente.
El director intentó agregar algo más, pero Alejandro no le dio la oportunidad y se alejó.
Un jefe de área que acompañaba al director vio cómo el hombre se marchaba y susurró:
—Director.
—¡Habla!
—¿No dicen que ese tal Hernán intentó abusar de la novia del Señor Silva? Entonces, ¿no podría ser que...?
Miró a Alejandro con frialdad; se negaba a creer que no tuviera nada que ver en esto.
—Primero iré a ver a Hernán. ¡Más te vale pensar en una explicación razonable que darme!
Dicho eso, Octavio fue el primero en entrar con sus hombres.
Aitana observó a su tío alejarse y luego posó una mirada de clara inconformidad sobre Alejandro.
—Alejandro, lo que le pasó a mi primo... ¿fuiste tú?
—¿Me estás interrogando, señorita Garza?
La expresión de Alejandro no cambió en lo absoluto, pero sus ojos se volvieron insondables.
—Si de verdad se va a investigar esto, tú no eres quien para exigirme respuestas.
Se dio la vuelta con la intención de irse, pero la suave mano de la mujer lo sujetó por el extremo del saco, adoptando una postura mucho más sumisa.
—Yo no creo que hayas sido tú, pero estoy segura de que Valeria tiene algo que ver. ¿La vas a proteger?
Alejandro bajó la vista hacia la mano que lo sujetaba, y luego subió la mirada hasta el rostro de Aitana, mostrando una sonrisa que no era realmente una sonrisa:
—Ella es mi mujer, ¿tú qué crees?

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