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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 479

Al destino le encantaba jugar bromas pesadas. Denisa sacudió la cabeza, llorando todavía más fuerte, pero Luca volteó la cara y no volvió a mirarla.

Ella no tuvo más opción que dar media vuelta y caminar, paso a paso, en dirección a la puerta.

Las piernas ya no le respondían. Cada paso le costaba todas sus fuerzas. Al salir de la oficina, Denisa se recargó contra la pared y se secó el rastro de lágrimas de la cara con el dorso de la mano.

Ignoró por completo las miradas chismosas de los asistentes que estaban cerca. Simplemente volteó a ver fijamente aquella puerta cerrada. ¿Qué era lo que esperaba? ¿Acaso creía que él saldría corriendo detrás de ella, igual que antes?

Dentro de la oficina, Luca continuó sentado en el sofá en absoluto silencio, con la vista clavada en la puerta.

El sol ya se había ocultado por la ventana y el aire helado anunciaba la llegada del invierno. Cerró los ojos y volvió a abrirlos; tal vez ya era momento de despedirse del pasado.

Observó sus dedos cerrados en un puño. Al abrirlos lentamente, se dio cuenta de que con esas manos no podía retener nada: ni el pasado, ni el presente, ni el futuro.

Se levantó, encendió un cigarro y se paró frente al gran ventanal. Observó cómo el sol terminaba de caer. A lo lejos, en el horizonte, se distinguía una línea de un tono rojizo y dorado. Se quedó pasmado mirándola, hasta que esa luz desapareció por completo.

Pasó una semana después de eso y Denisa no volvió a buscar a Luca.

Y, por supuesto, Luca tampoco la buscó.

Sin embargo, un incidente terminó arrastrando a Denisa a un problema todavía peor.

A las siete y media de la tarde, Denisa recibió una llamada. De inmediato, se dejó caer en su silla, con la cara más blanca que un papel. Pero no tuvo tiempo de preocuparse por su salud, porque enseguida le marcaron del corporativo para exigirle que fuera de urgencia.

Denisa se enfrentaba a su primer obstáculo grave desde que asumió el control de Altium Médica y, como directora, no tenía excusa para huir.

El ambiente en la sala de juntas era muy tenso, como la calma antes de una tormenta.

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