Levantó la mirada y, al ver que quien entraba era Denisa, frunció levemente el ceño.
Luego, terminó la llamada, dejó el celular sobre el escritorio y la miró.
—¿Se te ofrece algo? —preguntó Luca, con un tono de voz que no dejaba adivinar sus emociones.
Pero Denisa pudo percibir que su actitud era distinta a la de costumbre; antes, cuando ella entraba, él se levantaba de inmediato y le preguntaba con una sonrisa.
Ahora, ni siquiera se había levantado, quedándose sentado tranquilamente en su silla de cuero negro.
—Luca, ¿podemos platicar? —La voz de Denisa sonaba un poco ronca.
Luca frunció el ceño y le dijo:
—Ahorita deberías concentrarte en cuidar tu salud, no tendrías que andar de un lado a otro.
—Estoy bien, es solo que últimamente no tengo apetito y bajé un par de kilos. El doctor checó que los bebés están muy sanos y dijo que después del cuarto mes ya podré comer mejor, a lo mejor para entonces subo de peso rápido...
—Denisa —la interrumpió Luca—. Esas cosas coméntaselas a mi mamá. Yo ando algo ocupado por aquí. De ahora en adelante, ella te va a ayudar en todo lo que necesites tú y los niños.
—Luca... —Los ojos de Denisa se pusieron rojos, viéndose resentida y llena de tristeza.
Al ver que ella no se iba, Luca se levantó y caminó hacia el sofá.
—Si tienes algo que decir, siéntate y hablemos.
Denisa no se movió; se quedó ahí parada, haciendo un berrinche como una niña chiquita.
—Luca, ¿me has estado evitando últimamente?
Luca guardó silencio un momento.
—No te estoy evitando, simplemente tengo mucho trabajo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quédate con tu cuñada, querido exesposo