Hablaba con tanta emoción que de repente saltó del sofá.
"¡Oye, tu esposo sí que es un bombón! El video de disculpa está difundido por todas partes, ¡ahora hasta en la radio de la universidad están pasando esa loca disculpándose!"
¡Eso sí que es tener poder!
Justo después de decir eso, levantó la vista y vio a Patricio bajando las escaleras, vestido con un pijama azul oscuro.
Jasmina de inmediato cerró la boca y se sentó en el sofá, como si fuera una estudiante ejemplar ante su profesor.
Se quedó quieta, con las manos sobre las rodillas, sin atreverse a moverse.
Aria, de espaldas a la escalera, se rio y le dio una patada suave.
"¿Qué te pasa, viste un fantasma o qué?"
Justo cuando terminaba de hablar, como si una sombra cayera sobre ellas, la voz fría de Patricio se escuchó.
"Mañana vamos al hospital a hacerte un chequeo, ya tengo la cita."
Aria se puso derecha enseguida y hasta se calzó las pantuflas.
No fue hasta que Patricio salió del lugar que finalmente suspiró aliviada.
Jasmina, por su parte, se desinfló como un globo, miró débilmente a Aria y después de un buen rato, soltó:
"Aria, ¿por qué siento que tu vida en esa mansión es tan... intensa?"
Aria la miró sin decirle nada.
¡Qué drama!
Claro que ella lo sabía.
Pero, era porque estaba embarazada y además, estaba intentando escapar de la familia Ibarra.
"Lo que sea que venga, lo enfrentaremos", pensó, mientras que lo único que importaba era que Patricio no perdiera la cabeza y la estrangulara.
No sabía si era por miedo a Patricio o no, pero ni siquiera cenó.

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