Julián era de los que no andaban alardeando, todo tranquilo y de bajo perfil, y ella, acostumbrada a que la consientan, tampoco bajaba la guardia para hacerle el favor a nadie.
Con el tiempo, se hicieron muy buenos amigos.
"Oye, ¿escuché que encontraron a la hija de los Bravo?"
Eva no se esperaba que la hija biológica de los Bravo pudiera ser encontrada. Con esto, la posición de Julián ya estaba en la cuerda floja.
"Sí." Julián le pasó una copa de champán a Eva: "Acaba de aparecer."
"Los Bravo van a organizar una fiesta de bienvenida." La cara de Eva se quedó tensa: "Parece que don Marcos le tomó cariño."
"Mi viejo la valora mucho."
Julián siempre fue de pocas palabras, Eva se tocó la frente: "¿Y tú qué vas a hacer?"
¿Seguirán tratando a Julián y sus hermanos igual ahora que apareció su hija biológica?
"No va a cambiar nada, mi viejo siempre se ocupa de cosas que de asuntos personales."
Julián no creía que Marcos fuera hostil con él y lo expulsara de la familia Bravo por la llegada de Natalia.
Marcos había visto su capacidad, y aunque no hubiera cariño de por medio, por los intereses que ataban, no le iba a hacer nada malo.
Eva pensó un momento: "De hecho, podrías ser uno de los Bravo de verdad."
Uno de los Bravo, con todas las de la ley.
Esa hija biológica que desapareció por años, ahora que regresa y se encuentra con un tipo tan destacado como Julián, con solo usar un poco la cabeza, podrían ganarse su corazón.
Julián ni había pensado en esa posibilidad.
Y menos le gustaba el desdén en las palabras de Eva.
Frunció el ceño: "Princesa, ella es la señorita de los Bravo, yo solo soy un hijo adoptivo, si vuelve con los Bravo, será mi hermana."
Eva soltó una risita, pensando que Julián era chapado a la antigua: "Julián, lo digo por tu bien, piénsalo, si te conviertes en uno de los Bravo, los Bravo serán pan comido para ti, ¿quién se atreverá a mirarte por encima del hombro?"
Julián había sido maltratado y humillado en el pasado por no tener la sangre pura.
¡Y ahora que tiene la oportunidad, ni siquiera la valora!
Julián no quería oír más: "Princesa."
Eva sabía que no le gustaba y no quería gastar saliva, "Olvídalo, como si no hubiera dicho nada."
"¿Y Priscella por qué no vino?"
"Mi mamá no estaba bien, así que ella se quedó en la casa con ella."
A Priscella le hubiera encantado venir a la cena, pero como doña Bravo estaba de mal humor, tuvo que quedarse a hacerle compañía.
Eva se quedó con las ganas: "Bueno, será."

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Pero… ¿¡Eres un Millonario!?