Natalia vio en sus ojos un cariño y una expectativa sincera, y le tembló el corazón.
Desde que había nacido, parecía que nunca había sido tratada de esa manera.
Era como si su nacimiento fuera algo digno de celebrar.
¡Y no como Sancho, que le tenía un asco terrible!
Llegaron al centro de pruebas genéticas, Natalia y Marcos siguieron el procedimiento y les tomaron muestras de ADN.
Mientras esperaban los resultados, Marcos empezó a preguntarle a Natalia sobre su vida todos estos años, incluso sin saber el resultado, ya estaba seguro de que Natalia era su hija.
Natalia se sentía un poco incómoda con tanta efusividad.
Justo cuando iba a responder, sonó el celular en su bolsillo.
Era Dolores.
"Naty, ¿dónde andas? ¿Cómo es que no has vuelto?"
Dolores estaba muy preocupada porque Natalia no había regresado.
"Abue, estoy resolviendo algo muy importante ahora, tú vuelve a casa".
Al escuchar que estaba bien, Dolores suspiró aliviada: "Está bien".
Colgó el teléfono y Natalia levantó la vista hacia Marcos, sin saber bien qué decir.
Los resultados estuvieron listos en dos horas.
El médico trajo el informe en persona.
Marcos temblaba mientras abría el documento.
Con solo echarle un vistazo, sus ojos se llenaron de lágrimas rápidamente y, tras un largo momento, abrazó a Natalia: "Hija mía, finalmente te he encontrado".
Natalia, atrapada en su abrazo, tenía la cabeza hecha un lío.
Quería empujarlo, pero sus brazos eran cálidos, justamente como había imaginado que sería su padre.
Al salir del centro, Marcos dejó a un lado la emoción del momento, "Hija, ven conmigo a casa, de ahora en adelante papá te cuidará".
Natalia dudó un poco: "Pero yo..."
"Hija, ¿acaso no quieres saber lo que pasó entre tu madre y yo?"
¡Por supuesto que quería!
Tras una breve duda, Natalia accedió: "Está bien".
Marcos llevó a Natalia de vuelta a la antigua casa de la familia Bravo.

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