"¡Yo sé que fue a propósito!" Manuel bufó con desdén: "Sé que me tienes rencor, pero la abuela está gravemente enferma..."
"¡Señor Roldán, por favor, mida sus palabras!"
Ricardo estaba completamente enfocado en la abuela y no tenía tiempo para discutir con Manuel.
Pero Natalia era diferente.
Ella lo miró fríamente: "La abuela enfermó de repente, todos estamos preocupados, ¿de qué sirve pelear?"
Manuel se sintió incomodado al recibir esa mirada despectiva de Natalia.
"Exacto, mejor cállate un poco."
Joel intervino: "Estamos todos preocupados por la abuela, tus gritos solo nos molestan."
"Si no te gusta estar aquí, mejor vete ya."
Manuel se puso pálido de ira, pero se contuvo en silencio.
La enfermedad de la abuela había sido repentina y el hospital había movilizado los mejores recursos médicos, pero la situación de la abuela era aún muy delicada.
Durante toda la noche, la puerta del quirófano se abrió y cerró repetidamente.
Natalia había perdido la cuenta de cuántas notificaciones de gravedad habían firmado.
Al final, Ricardo se negó a firmar.
Pálido y con los ojos rojos por no dormir, se paralizó como una máquina a la que no le habían dado cuerda, de golpe.
Joel tampoco quiso firmar.
Temía que, al hacerlo la abuela se fuera para siempre.
Manuel, mucho menos se atrevía.
En un momento de estancamiento, Natalia tomó la mano de Ricardo con seriedad: "Ric, la situación de la abuela es crítica, tienes que firmar para que reciba el mejor tratamiento. No podemos perder más tiempo."
Ricardo la miró, con una mirada llena de desconcierto: "Pero..."
"Nunca debemos rendirnos, pase lo que pase."
Natalia sujetó su mano: "Firma."
Casi sin reacción, Ricardo firmó su nombre y al entregar la notificación de gravedad a la enfermera, sus ojos estaban llenos de una frialdad penetrante.
"¡Usen todos los medios necesarios para salvar a la abuela!"

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