La palidez de su rostro era absoluta, y al verla, Ainara sintió un escalofrío en el pecho. No se atrevió a quedarse mucho tiempo.
Al salir del hospital, Hernán Yates estaba esperándola abajo.
"¿Qué haces aquí? "preguntó Ainara frunciendo el ceño al verlo.
¡Qué tipo más pesado, aparece por todas partes!
"Me enteré de que la señora Torres estaba hospitalizada y quise venir a ver cómo estaba."
Hernán sabía que Ainara no le tenía ningún aprecio, pero a él no le importaba. Tenía paciencia de sobra para lograr que ella le tomara cariño.
"Natalia no está bien, mejor no subas."
"¿Desde cuándo tú y Natalia son tan cercanas?"
Que ella supiera, Hernán y Natalia no tenían mucho que ver el uno con el otro. ¿Qué intenciones tenía visitándola en el hospital?
Hernán sonrió ante la mirada sospechosa de Ainara: "La señora me lo dijo, la señora Torres es muy buena contigo, la consideras como a una hermana. Así que también es como mi hermana."
Ainara se atragantó: "¿Qué estás diciendo? ¡Ella es mi compañera de clase!"
"Entonces también es la mía."
Hernán se acercó un poco más: "Descubrí algo interesante, algo sobre Stella. ¿Quieres saberlo?"
"¿Sabes por qué Stella aceptó llevar este caso?"
Hernán arqueó una ceja: "Stella es abogada de Ricardo. Obviamente tomó este caso por instrucción de él."
De repente, Ainara se dio cuenta de que el malestar de Natalia tenía que ver con eso.
"Tengo que volver y ver a Natalia!"
Hernán la agarró de la mano con firmeza: "No vayas."
"Eso es un asunto entre ellos, solo irías a ver el espectáculo."
Ainara intentó resistirse, pero Hernán la empujó y la metió en el auto: "Ya te conté lo que sabía, ahora me debes una cena."
Ainara abrió mucho los ojos: "¿Cuándo dije que iba a cenar contigo?"
"Pero ya sabes lo que descubrí, ¿no es así?"
Hernán le indicó al conductor que arrancara.
Ainara se recuperó y le lanzó una mirada fulminante a Hernán, maldiciendo en su interior a ese comerciante astuto.

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