Nacho Vargas se puso pálido: "¿De verdad me detestas tanto?"
Nunca había imaginado que su boda, que prometía ser un día hermoso, terminara en tal desastre. Ainara Yates ni siquiera le había dado la oportunidad de explicarse antes de cortar todo contacto con él.
Ainara no podía sacar de su mente las palabras de su madre, apretó los puños hasta que las venas de sus manos resaltaron.
"Nacho."
Su voz se volvió apagada de repente: "Mi mamá me crio sola, ella me ama mucho."
"Siento mucho lo que le pasó a tu padre."
Nacho pidió disculpas casi por instinto: "Pero yo te amo de verdad..."
No quería cancelar la boda.
Mucho menos quería separarse de Ainara.
Ainara lo miró fijamente, después de un largo momento dijo: "Nacho, si realmente quieres disculparte, haz que tu padre pague lo que debe."
Héctor Vargas había resuelto aquel accidente de tráfico pagando una suma considerable en el pasado, y la familia Castillo había sido la víctima. Debido a la presión de la familia Vargas, Leticia, recién viuda, tuvo que mudarse con su hija a Ciudad Imperial para evitar más conflictos.
En una tierra ajena.
Para mantener a su hija, Leticia había hecho todo tipo de trabajos pesados y sucios, agotando su salud a una edad temprana.
Si no hubiera sido por ese accidente, Leticia no habría tenido que trabajar tan duro, ella no habría sufrido acoso y no se habrían reído de ella por carecer de un padre.
Nacho sintió un dolor en el pecho.
Él deseaba más que nadie que Ainara y Leticia recibieran buen trato del cielo... y que el responsable les diera una explicación.
Pero ese responsable era su propio padre.
"Ainara, yo... ¿puedo tratar de compensarlo?"
"Nacho, si no puedes hacerlo, mejor no vuelvas a aparecer."
Ainara sabía que Nacho no podía hacerlo.
Ella no necesitaba que Nacho hiciera nada; quería que la familia Vargas desapareciera por completo de su vida.
Nacho se quedó parado, sin siquiera darse cuenta de cuándo Ainara se había ido.
Después de un tiempo, Nacho volvió al hotel.
"Nacho."

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Pero… ¿¡Eres un Millonario!?