Chiqui, con sus ojos brillantes, dijo: "Fue mi culpa que me caí".
Natalia lo miró fijamente: "¿De verdad?".
Chiqui asintió seriamente: "Lo juro, mamá".
Natalia sabía que él no mentiría, le acarició la frente: "Está bien, mamá te cree. Descansa bien y no corras durante estos días, ¿Está bien?".
Chiqui cogió la barbilla de Natalia y le dio un beso en la cara: "Está bien".
Natalia cuidó de Chiqui toda la noche y al día siguiente fue llevada a casa por su asistente para prepararse para la final.
Ricardo, preocupado por Chiqui en el hospital, le pidió a Nacho que llevara todo el trabajo al hospital.
Chiqui se despertó en algún momento, estaba vestido con una bata de hospital y de pie frente a Ricardo.
"¿Cómo es que ya estás despierto?".
Ricardo se sorprendió, cerró el archivo, se levantó, caminó hacia él, lo levantó y lo puso en la cama: "¿Te sientes mal?".
El doctor había dicho que debía tratar de mantenerse en la cama.
Chiqui negó con la cabeza, sus ojos oscuros lo miraban fijamente, sin moverse durante mucho tiempo.
"¿Tienes algo que decirme?".
Como padre e hijo, tenían una conexión especial.
Ricardo se sentó al lado de la cama, "Dime".
Chiqui se lamió los labios: "Papá, ¿Te gusta la señorita Brisa?".
"No me gusta".
Ricardo no esperaba que su hijo le hiciera esa pregunta, probablemente era porque Brisa había estado presente en la familia Roldán durante muchos años.
"La que me gusta es tu mamá, siempre ha sido así".
Chiqui se sentó en la cama, su cuerpo delgado tembló ligeramente, apretó la colcha y después de un rato, dijo: "Fue ella quien me empujó".
"¿Qué?".
La mirada de Ricardo cambió drásticamente: "¿Estás seguro?".
Chiqui asintió con fuerza: "Me agarró y me empujó".

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