"En el oeste de la ciudad había una vieja fábrica de químicos abandonada. Ya investigué sobre el uso de ese terreno, pero los trámites eran un poco complicados." Uriel frunció el ceño: "Y, además, comprar ese terreno costaría mucho dinero, no puedo costearlo solo."
Por eso pensó en Ricardo, esperando que pudieran colaborar.
"Quiero ver la información."
Uriel se preparó adecuadamente y le entregó los documentos. Mientras Ricardo revisaba los datos, Uriel sacó su teléfono y le envió un mensaje a Julieta.
[Ven a cenar con tu hija esta noche.]
Julieta respondió de inmediato: [No voy a ir.]
¿Qué sentido tenía enredarse con su ex ahora que tenía una nueva pareja?
[Si no vienes, iré a buscar a Bernardo Nieto ahora mismo...]
Julieta: [Entendido.]
Uriel casi podía imaginar su cara resignada, pero sin opción. Una sonrisa maliciosa se asomó en sus ojos.
Esa sonrisa inquietó a Ricardo: "Estás sonriendo de una manera muy siniestra."
"..."
Uriel dejó su teléfono: "¿Ya terminaste?"
"El proyecto parece bueno, pero requiere una inversión inicial de miles de millones..." Ricardo pensó que la inversión inicial era demasiado alta. Si no generaba ganancias, solo significaría pérdidas.
"No te preocupes, si nos asociamos para desarrollarlo, no habrá problemas con el terreno."
Ya habían colaborado muchas veces, Uriel no veía ningún problema.
"Estudiaré el proyecto detenidamente. Si parece rentable, podemos seguir hablando."
Uriel sabía que Ricardo también era ambicioso. ¿Cómo podría no estar interesado en un terreno tan grande para desarrollar?
"Paula Castillo se va a casar, ¿no piensas ir?"
La noticia del matrimonio de Paula ya se había difundido y Ricardo había recibido la invitación hacía tiempo.
"Iré."
"Iremos juntos."
Ricardo tenía otra reunión, así que se levantó y se fue.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Pero… ¿¡Eres un Millonario!?