Hernán disfrutó de una cena opulenta esa noche. Durante la cena, ambos intentaron actuar como si nada hubiera pasado. Pero había cierta incomodidad en el ambiente de la mesa. Odalys, astuta, notó que algo no estaba bien y, aprovechando que Hernán fue a servirse más comida, le dio un codazo a Ainara:
“¿Todavía no te has reconciliado con Hernán?”
Ainara, algo resignada, respondió:
“Mamá, realmente no hemos peleado.”
“¿En serio?”
Odalys no estaba convencida.
Con resignación, Ainara insistió:
“De verdad.”
Cuando Hernán regresó con su plato, escuchó la conversación entre madre e hija y dijo:
“Señora, Ainara y yo realmente no hemos peleado, solo tuvimos algunas diferencias, pero ya hemos llegado a un acuerdo.”
Ainara asintió de inmediato. Solo entonces Odalys se tranquilizó. Después de la cena, Hernán propuso irse.
“Ainara...” Odalys sugirió que Ainara lo acompañara.
“Señora, es tarde y no me sentiría tranquilo si Ainara regresa sola, no es necesario que me acompañe.”
Hernán declinó cortésmente. Después de su partida, Odalys aún estaba preocupada:
“He escuchado en las noticias que la familia Castillo no ha sido muy buena con él, estos años, no sé cuántas dificultades habrá enfrentado Hernán...”
“Mamá, no te preocupes, él... tiene sus propios planes.” Ainara sintió extraño llamarlo “hermano”.

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