"El periodista, en la estación de policía." Marcos con el rostro sombrío dijo: "Se atreve a tocar a mi hija, ¡que no piense en volver a ser periodista, si es que puede seguir viviendo!"
"Mejor no intervenga en esto."
Ricardo negó con la cabeza: "La familia Bravo ahora es el blanco de todas las miradas, si nos atrapan en algo, sería malo tanto para usted como para la familia Bravo."
"Pero es mi hija..."
"Yo me encargaré de esto." La expresión de Ricardo se tornó sombría: "No le temo a nadie, ni a ser el blanco de ataques. Mejor que me ocupe yo."
"Papá, cuide de Naty durante este tiempo, de lo demás me encargo yo."
Marcos lo miró en silencio por un largo rato antes de responder: "Está bien."
Ricardo salió del hospital y se dirigió directamente a la estación de policía, pero no entró, sino que hizo que alguien sacara a Mariana en libertad.
Mariana pensó que fue Noticias del Sol quien intervino. Al terminar el papeleo, miró con arrogancia a la policía: "Ya lo había dicho, ¡la familia Bravo no se atreve a tocarme!"
¿Quién se atreve a desafiar la ley en una sociedad regida por esta?
El policía la miró significativamente: "¡Mejor sal ya de aquí!"
Mariana, sosteniendo su cámara, dijo: "Dile a Pilar que mi cámara es muy cara, espero una compensación, ¡o los demandaré!"
El policía: ...
El guardaespaldas a cargo de la fianza: ...
Al salir de la estación de policía, Mariana alzó la barbilla y miró al guardaespaldas: "¿Te envió el editor en jefe?"
"Ven conmigo."
El guardaespaldas le indicó a Mariana que lo siguiera.
Mariana, llena de orgullo, no esperaba que, apenas subiera al auto, unas manos la presionaran al suelo y luego, ¡un fuerte pisotón en la cara!
Un rostro apuesto entró en su campo de visión: "¿Así que tú te atreves a tocar a la Srta. Priscella?"
Mariana abrió mucho los ojos: "¿Quién eres tú?"
El guardaespaldas cerró la puerta de un golpe.
Mariana fue cubierta con una capucha negra y el auto arrancó a toda velocidad.
Mariana intentó resistirse, pero el guardaespaldas la sujetó fuertemente: "Si vuelves a moverte, puedes despedirte de tus manos."
Mariana sintió miedo.
Después de un largo viaje que casi la hace vomitar, el auto se detuvo y la arrojaron al suelo, atándola con una cuerda.

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