Catalina se veía pálida.
Mauricio apretó los labios: "Lo siento, hermana mayor."
Fue su mala actuación lo que los llevó a perder el juego, ¡qué vergüenza!
Catalina no esperaba que Mauricio fuera tan ineficaz, una sombra de desprecio cruzó por sus ojos, pero aún así, se forzó a adoptar una actitud seria y comprensiva: "Mauricio, no pasa nada por perder una vez, lo importante es mantener una actitud positiva y trabajar en mejorar."
Mauricio frunció los labios.
Realmente tenía un problema de actitud.
Perder contra Benedicto no había sido una o dos veces.
Cuanto más se esforzaba por vencerlo, más lejos parecía estar de lograrlo.
Salvador regresó: "Catalina, voy a jugar una partida antes, el abuelo ya ha accedido a venir."
Con su experiencia y serenidad, mantenerse en el juego por una hora no sería problema.
"Está bien."
Cuando Salvador subió al escenario, Benedicto se mostró un poco más reservado y lo saludó: "Por favor, toma asiento."
Salvador y Benedicto no eran contemporáneos en el mundo del ajedrez; esta sería su primera confrontación.
Salvador era cauteloso, pensando cada movimiento con detenimiento.
Benedicto nunca subestimaba a sus oponentes, y la batalla entre ellos fue intensa.
Se podría decir que fue el encuentro más emocionante de los últimos años.
Pilar lo encontraba fascinante.
Traía consigo jugo de frutas, del cual tomó unos tragos, cuando notó que Arturo la miraba fijamente: "¿Qué sucede, hay algún problema?"
¿Había algo raro en ella?
Arturo señaló su vaso de agua: "Antes tomabas té, ¿por qué ahora bebes jugo de frutas?"
Pilar se detuvo por un momento, temerosa de que sospechara algo: "Se me acabó el té que tenía, y el nuevo pedido aún no ha llegado, así que estoy tomando jugo de frutas por ahora."
Hizo una pausa, y luego agregó: "El jugo es fresco y sabe bien."
Solo que no se puede conservar por mucho tiempo.
Al oír que se había quedado sin té, Arturo preguntó: "¿Qué tipo de té era?"
Pilar le dijo el nombre, y Arturo le indicó a su asistente que comprara té de la misma marca.

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