Pilar realmente había olvidado que mañana por la mañana era el sesenta cumpleaños de la reina.
Después de que Arturo se fue, Pilar fue a la habitación de Chiqui.
Chiqui estaba sentado en el suelo con las piernas cruzadas, con la cabeza gacha y sin mucha energía.
"¿Qué pasa?"
Chiqui levantó la mirada, sus ojos estaban ligeramente rojos: "Mamá, escuché que te vas a casar con el señor Arturo, ¿es verdad?"
Si eso fuera cierto, ¿qué pasaría con papá? ¿No debería mamá estar con papá?
Pilar se sentó a su lado, con un rostro tranquilo: "¿Cómo lo supiste?"
"Todos en la escuela lo están diciendo."
Chiqui frunció los labios, también decían que si mamá se casaba con Arturo, ya no lo querría y lo enviaría de vuelta a la familia Roldán. También decían que mamá podría tener un hermanito o hermanita, y entonces él ya no sería el tesoro de mamá.
"No es verdad."
Pilar respondió con sinceridad: "Te prometo, no me casaré con ningún hombre excepto tu papá."
Chiqui estaba emocionado: "¿De verdad?"
Pilar abrazó su rostro: "Mamá nunca te ha mentido, esta vez tampoco."
"Mamá tampoco te enviará lejos, incluso si llegara a tener un hermanito o hermanita, tú siempre serás único."
Pilar nunca había pensado en enviar a Chiqui lejos. Él era el hijo que había dado a luz después de un embarazo de diez meses, ¿cómo podría enviar a su propia carne y sangre? Los primeros treinta años de su vida, había carecido enormemente de afecto. Finalmente, tenía a su propio hijo, ¿cómo podría permitir que Chiqui sufriera?
Chiqui la abrazó: "Mamá, confías en papá, él definitivamente volverá, nos llevará a casa."
"Lo sé."
...
Después de hablar con Chiqui, Pilar regresó a su habitación y se durmió de puro cansancio.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Pero… ¿¡Eres un Millonario!?