Catalina nunca consideró esto como un gran problema; estaba acostumbrada a caminar en tacones de diez centímetros todo el año, y sus pies ya habían sufrido mucho.
Nunca se había quejado, entonces ¿por qué Pilar con un pie lastimado tenía que causar tanto alboroto a Arturo?
"Ya es tarde, mejor la llevo a casa."
Después de que Pilar y Arturo se fueron, Catalina bajó la mirada y fue a ver a la reina sola.
La reina se sorprendió al ver a Catalina: "Catalina, ¿qué haces aquí?"
"Quiero saber, ¿lo que dijo es verdad?"
Era raro ver a Catalina cuestionando.
La reina comprendió de inmediato: "Es verdad."
"Lo prometí, esa fue la condición para la alianza matrimonial con la familia Bravo."
Catalina se mordió el labio: "Usted sabe que me gusta Arturo, nos vio crecer, ¿por qué no acepta que estemos juntos?" ¡En cambio, eligió a una mujer divorciada!
La reina no esperaba que Catalina, siempre tan prudente, viniera a confrontarla, y su tono se volvió un poco más suave: "Catalina, eres excepcional, pero para ser esposos, no basta con ser excepcional."
Por no mencionar, ¡fue Arturo quien eligió a Pilar!
¡Y no a ella!
Catalina todavía se sentía insatisfecha.
Pero la reina ya estaba perdiendo la paciencia: "Catalina, eso es todo, tú y Arturo han sido amigos de la infancia, no he sido injusta contigo, si te atreves a hacerle algo a Pilar, no te lo perdonaré."
Catalina apretó los labios en señal de descontento, pero su expresión era de obediencia.
"Entendido."
"Ya que le tiene tanto cariño a la Srta. Priscella, no le haré pasar un mal rato."
Pero Pilar tampoco la tendrá fácil.
"Puedes retirarte."
Después de que Catalina se fue, la reina observó su silueta, intrigada.
Parecía que el drama estaba a punto de comenzar.

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