La cena estaba en su apogeo cuando la reina, bajo la atenta mirada de todos, hizo su aparición gradual ante el público. En ese momento, el lugar de la cena estalló en alboroto. La reina tenía muchos seguidores en Coronilla, y la atmósfera era efervescente. Levantando su mano, la reina logró silenciar el ambiente de inmediato.
"Estoy muy agradecida de que todos hayan podido asistir a esta cena," dijo la reina con una sonrisa. "Aprovechando esta ocasión, quiero anunciar algo importante."
Ella hizo una señal hacia donde estaba Pilar: "Naty, Arturo, vengan aquí."
Pilar, tensa, casi por instinto miró hacia Arturo, sus ojos llenos de un ruego implícito. ¿La reina iba a anunciar públicamente su compromiso?
Arturo, con su habitual serenidad, extendió su mano, "Vamos juntos."
Pilar mordió su labio, tomó su brazo y, bajo la mirada casi insoportable de celos de Catalina, se acercaron lentamente a la reina.
"Supongo que todos están al tanto," comenzó la reina. "El próximo mes será la fiesta de compromiso de Arturo y la señorita Pilar, a la cual están todos invitados."
El público estalló en murmullos.
"Además, después de su boda, la Srta. Priscella podrá, aparte de asistir a actos públicos, continuar con su trabajo."
Con esa declaración, la reina sorprendió a todos, especialmente a aquellas damas de la alta sociedad que pensaban que Pilar estaría destinada a ser una mera decoración sin derecho a trabajar. ¿Cómo era posible que Pilar pudiera seguir trabajando, y que la reina lo anunciara de forma tan pública?
Catalina, parada entre la multitud, no pudo ocultar su incomodidad por un momento. Con unas pocas palabras, la reina había sellado el compromiso.
Pilar y Arturo, bajo las miradas de todos, permanecieron juntos, recibiendo felicitaciones y halagos. Finalmente, alejándose de la multitud, Pilar se excusó diciendo que se sentía mal y subió a la sala de descanso.

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