Hernán se detuvo de repente, ¿qué viaje?
Ainara lo miró, sorprendida por su rara expresión de desconcierto, sintiendo una dulzura inesperada en su corazón.
"Siéntate."
Hernán se sentó.
Ainara tomó una profunda respiración, sus ojos brillaban con sinceridad: "Hernán, sé que te gusto, pero antes realmente no podía aceptarlo, porque siempre te he visto como a un hermano..."
Hernán era consciente de esto, sintiéndose decepcionado. Pensaba que, durante estos últimos meses, Ainara al menos tendría un poco de afecto hacia él.
Recientemente, él había estado tan agotado por el trabajo que terminó en el hospital, y fue Ainara quien lo cuidó sin descanso.
"Ainara..."
"Pero últimamente lo he pensado bien." Ainara cubrió su mano con la suya, sus ojos brillaban intensamente, irradiando una luz especial.
Hernán se quedó inmóvil.
A pesar de que le gustaba Ainara, nunca habían tenido contacto físico.
Temía que Ainara lo rechazara, temía asustarla.
Pero inesperadamente, Ainara tomó la iniciativa de tomar su mano.
"Hernán, creo que podríamos intentarlo." Ainara miró directamente a sus profundos ojos oscuros, su corazón latiendo frenéticamente. "De hecho, pensaba contarte esto después de regresar de Coronilla."
Hernán apretó fuertemente su mano, hasta el punto de no sentir hambre: "¿Ya comiste?"
Ainara no pudo evitar reír.
Por supuesto que no.
Apenas había comido un poco.
Hernán, respirando un poco más rápido, la llevó consigo: "Ven conmigo un momento."
Ainara lo siguió, tropezando al salir del restaurante.
Al volver a la habitación, Hernán la llevó al living y la sentó en el sofá. Él se arrodilló frente a ella, sus ojos oscuros llenos de un amor ardiente: "¿De verdad estás dispuesta a intentarlo conmigo?"
Ainara, emocionada por su intensidad, asintió con los labios temblorosos: "Sí."

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Pero… ¿¡Eres un Millonario!?