Ainara llegó al aeropuerto, Hernán ya llevaba más de dos horas esperándola. Al verla llegar agitada, se levantó y la sostuvo: "¿No te dije que fueras más despacio, que no te apresuraras?"
¿Para qué correr tanto?
Ainara estaba exhausta: "Estás bien, ¿para qué viniste a Coronilla?"
¿Acaso no tenía suficiente con su trabajo en Ciudad Imperial?
Tenía que hacer un viaje a Coronilla.
Hernán sacó un pañuelo y le ayudó a secar el sudor, con un aire sereno: "Hay muchos lugares interesantes en Coronilla, quería venir a relajarme."
Cuando Leticia supo que Hernán estaba enamorado de Ainara, se esforzó aún más en intentar unirlos.
Ainara no era ajena a los sentimientos de Hernán, pero durante años lo había visto como a un hermano mayor, y le resultaba difícil aceptar sus avances.
Hernán siempre mantenía una distancia prudente, pero después de varios intentos, Ainara ya no podía verlo como a un hermano, y su relación tomó un tono más íntimo.
Sin embargo, le era difícil cambiar la imagen que había tenido de él durante más de veinte años.
Haber venido a Coronilla para relajarse se convirtió en algo más complicado con la llegada de Hernán.
Hernán había llegado de prisa, vestido formalmente, lo que lo hacía parecer aún más distante y severo.
Ainara tomó el pañuelo y comenzó a secarse el sudor por su cuenta: "¿Por qué no me dijiste antes que querías venir a Coronilla a relajarte?"
Si lo hubiera sabido, habría enviado a alguien más.
Hernán podía percibir sus pensamientos, algo decepcionado, pues había estado acompañándola durante el último medio año, pero Ainara continuaba haciéndose la desentendida, y él no quería presionarla demasiado.
"Ainara, sabes mejor que nadie por qué vine a Coronilla."
Ainara se detuvo al secarse, con las mejillas sonrojadas.
Sin esperar una respuesta de Hernán, arrugó el pañuelo en su mano: "Ya es tarde, mejor te llevo al hotel."
Hernán soltó una risa suave.
Ese nerviosismo de Ainara indicaba que no era completamente ajena a sus sentimientos.
"Está bien."
Al llegar al hotel, descubrieron que no había suites disponibles.
Hernán, acostumbrado a vivir con lujos y muy exigente, no aceptaba ninguna otra habitación.

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