La señora Peña ayudó a César a levantarse y empezaron a hablar de cómo habían cambiado las cosas en estos tres años.
La vida no había sido fácil para ninguno de los dos, ¿y cómo iba a serlo para César?
Recolectando pruebas, esperando en las sombras.
Aguardando el momento adecuado.
Nada había sido fácil.
Al final, la señora Peña dijo: "Escuché por Inés que te casaste, ¿es cierto?"
César, de hecho, se había casado.
"Sí, con una compañera de estudio. Un día de estos la traigo para que la conozcas."
César lo tomó con mucha naturalidad.
La señora Peña también había aprendido a aceptarlo: "César, tu madre solo quiere que seas feliz."
"Los asuntos de la familia Peña son muy complicados, trata de no meterte en problemas por ellos."
"Lo sé."
Al salir del hospital, César hizo una llamada: "Ya terminé por aquí. Nos vemos esta noche en casa de la familia Peña."
Cuando César llegó a casa de la familia Peña, quien lo esperaba no era su nueva esposa... Luciana Navarro.
Sino Isabela.
"Señorita Isabela."
César bajó del coche y la miró fríamente.
Hacía tres años que Isabela y César no se veían.
En todo ese tiempo, César había pasado de ser un joven distinguido a ser el poderoso jefe de la familia Peña.
El aire gentil se había desvanecido, dejando lugar a un aura más amenazante.
Isabela, incómoda, se mordió el labio: "¿Qué tengo que hacer para que dejes en paz a la familia Herrera?"
La familia Herrera estaba en declive, y todos sus antiguos aliados se habían distanciado.
La policía aún investigaba el caso, y la situación de la familia Herrera era precaria.

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