Marcos se quedó boquiabierto al ver a Pilar bajando las escaleras.
"¿No dijiste anoche que te quedarías fuera descansando?"
Se levantó temprano, pero no había visto a Pilar regresar a casa.
Pilar, con las mejillas sonrojadas, dijo: "Llegué muy tarde."
Marcos, que ya había pasado por estas situaciones, se dio cuenta de que Pilar estaba escondiendo algo: "Naty, ¿fue que saliste con Francisco?"
"No," negó Pilar con la cabeza. "Papá, creo que Francisco y yo no estamos hechos el uno para el otro."
Ella ya había hablado con Francisco antes.
Marcos frunció el ceño, preocupado: "Entonces, ¿quién fue? ¿De quién estamos hablando?"
"Papá, de verdad que no hay nadie," Pilar tomó su sopa, y justo en ese momento, su cuello reveló un collar brillante.
"¿Ese collar es nuevo?"
Marcos notó algo raro.
Pilar, tratando de no llamar la atención con anillos, había colgado uno en su collar.
Instintivamente cubrió el anillo con su mano, las mejillas aún más coloradas: "Papá, no preguntes más, te prometo que te contaré cuando sea el momento."
Marcos suspiró: "Está bien, está bien, mi niña ya está creciendo y tiene sus secretos."
Chiqui, que bajaba las escaleras, escuchó esto y se le cayó el mundo encima.
¡Terminó! ¡Mamá tiene novio!
¡Papá, te dejaron!
Chiqui, todo arrugado, se acercó a Pilar: "¿Mamá, tienes novio? ¿Aún me quieres?"
¿Y a papá?
Pilar no pudo evitar reírse y le pellizcó las mejillas: "Por supuesto, lo que más ama mamá eres tú."
Chiqui suspiró, pensando que ya no quería a papá.
Después del desayuno, Chiqui se puso su mochila y subió al auto, aunque parecía un poco apagado.
El conductor notó su cara de tristeza.
"Señor Chiqui, ¿qué pasa, te sientes mal?"

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