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Perfume Letal de la Esposa romance Capítulo 74

La mente de Simón se tambaleó. El olor químico del frasco de la izquierda todavía parecía adherido a sus fosas nasales, un testimonio nauseabundo de la traición.

Buscó desesperadamente una escapatoria, una explicación alternativa que no implicara la monstruosidad que Abril le estaba presentando. Su lealtad a Valentina, o lo que quedaba de ella, luchó por encontrar aire.

—No... —murmuró, la palabra sonando débil y hueca en la oficina silenciosa—. Ella... ella no haría algo así.

Miró a Abril, sus ojos suplicando que hubiera otra verdad.

—Debe haber un error. Una confusión. Quizás el proveedor te engañó por su cuenta, para sacar más dinero...

Era una defensa patética, y él lo sabía en el instante en que las palabras salieron de su boca. Sonaba como un tonto, como un niño tratando de negar que el cielo era azul.

Abril lo interrumpió, su voz cortante como un látigo.

—No, Simón.

Dio un paso hacia él, rodeando el escritorio. Su calma se había evaporado, reemplazada por una intensidad fría y controlada que lo hizo retroceder instintivamente.

—No hay ningún error. No hay ninguna confusión. Ella lo hizo. Con premeditación. Con malicia. Y con tu dinero.

La culpa ya no era solo de Valentina. Era compartida. Él no era una víctima colateral. Era un cómplice. Un facilitador. El arquitecto de su propia humillación.

Esa verdad era más fea y más dolorosa que la traición de Valentina. Porque la traición de ella venía de la malicia. La de él, de una negligencia tan profunda y arrogante que era casi indistinguible del odio.

Se dio cuenta de que mientras él jugaba al salvador, al hombre noble que cumplía con su "obligación", en realidad había estado armando al enemigo.

Y el enemigo no solo había atacado a Abril.

También lo había destruido a él.

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