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Perfume Letal de la Esposa romance Capítulo 127

El whisky de Simón permanecía intacto sobre la mesa, su color ámbar reflejando la tenue luz del bar. Su mano, sin embargo, se sentía pesada, reacia a obedecer la orden de su cerebro.

Abrió la carpeta.

Su escepticismo era un escudo. Esperaba ver viejos planos, minutas de reuniones que ya conocía, excusas y justificaciones que Vargas habría preparado durante cinco años para limpiar su nombre. Esperaba un ataque, no una revelación.

La primera página no era un plano. Era un documento de aspecto oficial, con el logotipo de "Ferrer Arquitectos" en la parte superior. El título decía: "INFORME INTERNO CONFIDENCIAL: ANÁLISIS DE BRECHA DE SEGURIDAD DIGITAL".

Simón nunca lo había visto.

Su corazón dio un vuelco. Recordaba las reuniones, las discusiones acaloradas, los informes verbales de su padre. Pero este documento físico, frío y detallado, era completamente nuevo para él.

Comenzó a leer el resumen ejecutivo. No era un texto legal enrevesado. Era conciso, técnico y absolutamente demoledor. Detallaba la metodología del análisis forense del servidor, el rastreo de paquetes de datos, la triangulación de la hora de la filtración con los registros de acceso.

Y entonces, llegó al párrafo clave.

"El análisis concluyente de la metadata indica que la transferencia no autorizada de los archivos del proyecto 'Torre Corvus' se originó desde una dirección IP externa (201.148.XX.XXX). Dicha IP se encuentra registrada a nombre del proveedor de servicios de internet IZZI Telecomunicaciones y asignada al domicilio ubicado en la calle Aristóteles 112, Apartamento 701, Polanco, Ciudad de México. El contrato de servicio está a nombre de Ferrer Arquitectos, S.A. de C.V., y el usuario registrado del apartamento es la Sra. Valentina Salazar."

No era una falta de pruebas. Las pruebas estaban ahí, en ese informe que su padre le había ocultado. La traición de Valentina no era una sospecha. Era un hecho documentado.

Simón levantó la vista lentamente, sus ojos buscaron los de Vargas a través de la penumbra del bar. El mundo a su alrededor parecía haberse silenciado. El zumbido del ventilador, las conversaciones lejanas, todo se desvaneció.

Solo existía la carpeta sobre la mesa y la mirada tranquila del hombre al que había condenado.

El escudo de su escepticismo se había roto en mil pedazos. Y ahora, indefenso, sentía cómo la primera y afilada esquirla de la verdad comenzaba a penetrar en su piel.

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