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Perfume Letal de la Esposa romance Capítulo 104

Mientras Valentina sellaba su destino en un café anónimo, Abril estaba sentada en la serenidad de su propia fortaleza.

La biblioteca de "Aromas del Alma" era un santuario de calma y estrategia. La luz de la tarde se filtraba a través de los altos ventanales, iluminando las estanterías de madera oscura y el suave cuero de los sillones.

Frente a ella, sobre la mesa de caoba pulida, había una tableta. En la pantalla, un informe se actualizaba en tiempo real.

No era un informe de ventas. Era un informe de vigilancia.

El investigador privado que el Sr. Ortiz le había asignado era un ex agente de inteligencia, un hombre que se movía por el mundo como una sombra. Su informe era impecable. Incluía fotos de alta resolución de Valentina entrando al café, una imagen clara del rostro del hacker, e incluso una transcripción de audio de su conversación, captada por un micrófono láser desde un edificio al otro lado de la calle.

Abril leyó las palabras "espionaje industrial" y "el precio no es problema" sin que su expresión cambiara. No había sorpresa. No había conmoción. Solo la fría satisfacción de ver a su oponente moverse exactamente como había previsto.

Valentina era un animal predecible, gobernado por el pánico y la arrogancia. Y acababa de entrar directamente en la jaula.

El siguiente paso de Abril no fue detenerla. Fue tomar el control de la operación.

Su teléfono sonó. Era el jefe del equipo de seguridad cibernética de Ortiz Media, un joven genio que había trabajado para el Mossad.

—Lo tenemos —dijo el joven—. Está usando a un mercenario conocido como 'Sombra'. Bueno, pero predecible. Ya estamos dentro de sus comunicaciones. Esperando sus órdenes, señora Lozano.

—Dejen que proceda —ordenó Abril con calma—. Quiero que la operación sea un éxito. Pero vamos a cambiar el objetivo.

Colgó y abrió una videollamada en su laptop. En la pantalla apareció el rostro de un hombre mayor, de cabello plateado y mirada astuta. Era Alejandro de la Garza, el director de la firma rival de Monterrey y un viejo amigo de Elías Ortiz. Ya estaba al tanto del plan.

En la pantalla, De la Garza vio un conjunto de diseños arquitectónicos. Eran brillantes, pero contenían fallas sutiles y deliberadas. Errores estructurales y conceptuales que un experto como Simón detectaría, pero que una amateur como Valentina, en su prisa, pasaría por alto. Eran un regalo envenenado.

Alejandro de la Garza se echó a reír, un sonido profundo y divertido.

—Abril —dijo, negando con la cabeza con admiración—. Eres mucho más peligrosa que tu abuela. Y eso es decir mucho.

La contra-operación de Abril estaba en marcha. No solo iba a documentar el crimen de Valentina en tiempo real.

Iba a armar el arma que la destruiría. Y se la iba a entregar ella misma.

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