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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 358

Capítulo 358

Mateo parecía también molesto por el sonido insistente del teléfono.

A la luz de la pantalla, pude ver cómo lo miraba, con una expresión llena de impaciencia y agresividad.

Apreté los labios y le dije en voz baja:

—No te enfades. Tal vez sea Alan con algo del trabajo. Contéstale primero.

Hice una pausa y, sin poder contenerme, añadí:

—Si no es nada importante... seguimos.

Esa última frase, claramente, lo complació.

Mateo se relajó un pосо.

—La próxima vez, apago el teléfono —dijo.

Entonces se inclinó, y con un largo brazo tomó el móvil de la mesita de noche.

En un destello, me pareció ver el nombre de Camila en la pantalla.

¿Así que era ella la que llamaba?

Mateo miró el número, y volvió a parecer molesto.

Pero no contestó. Simplemente colgó la llamada y tiró el teléfono a un lado.

Lo miré, sorprendida.

¿De verdad no contestó la llamada de Camila?

Una dulzura cálida me inundó el pecho.

Fuera solo por deseo o por otra razón, en este momento, él me había elegido a mí por sobre esa mujer.

La luz de la pantalla se apagó, y la habitación volvió a sumirse en penumbra.

La atmósfera cargada de deseo regresó enseguida.

Como le había colgado a Camila, mi corazón se volvió aún más blando, y el cariño que sentía por él se intensificó.

—Mateo...

Lo abracé por el cuello y fui yo la que lo besó esta vez.

Mateo soltó un gemido ronco, me agarró por la nuca y me besó con más pasión, más profundo.

El calor entre nosotros se entrelazaba. Yo me aferraba a su cuello, sin fuerzas, y si no fuera por su mano firme en mi espalda, ya me habría

desplomado sobre la cama.

Aunque fui yo la que tomó la iniciativa, al final fue él el que volvió a dominar la situación.

Mi corazón se hundió.

¿De verdad no podía ignorar a Camila?

Vi cómo, en silencio, marcaba un número. Era evidente que le devolvía la llamada.

Apreté los labios. Toda la dulzura y la emoción que había sentido desaparecieron.

Ahí estaba... Aunque estuviera dominado por el deseo, una llamada de esa mujer bastaba para distraerlo.

Yo, ingenua, había creído que él podría ignorarla por mí.

Pero no... bastaron dos llamadas para que él se quebrara.

Marcó dos veces. Camila no respondió.

Entonces, de pronto, Mateo se apartó de mí, se levantó y empezó a vestirse.

En cuanto se alejó, sentí el frío calarme hasta los huesos. Me arropé con la sábana.

Encendió la luz del cuarto.

Toda la pasión de hace un momento desapareció como si nunca hubiera existido, dejando solo un vacío amargo y frío.

Me envolví más en las sábanas, con el corazón hecho trizas, sintiendo incluso una pizca de resentimiento.

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