Capítulo 354
—No pasa nada, es una tontería. No te preocupes por eso —respondí.
Terminé de beber rápidamente el tazón de caldo y le dije al dueño:
—¿Me puedes preparar otro para llevar, por favor?
Al salir del local, el dueño insistió en no cobrarme.
Aun así, pagué las tres raciones de caldo de carne, porque sabía que mantener un negocio pequeño no es nada fácil.
Cuando regresé al lugar donde habíamos dejado el auto, vi a Mateo apoyado contra la carrocería, absorto en sus pensamientos.
Antes solía encender un cigarro, pero hoy, aunque lo había intentado varias veces, siempre terminabа guardándolo.
¿Será que de verdad estaba intentando dejar de fumar por lo del embarazo?
Un sentimiento extraño me cruzó por dentro.
Llevaba la comida en la mano cuando me acerqué y le pregunté:
—¿Por qué no te quedas dentro del auto? Hace
mucho frío afuera.
Frente a su cara, impenetrable e inexpresiva, hice un esfuerzo por sonreír.
Mateo me miró durante unos segundos antes de preguntar con voz apagada:
—¿Ya comiste suficiente?
—Sí —asentí.
Abrió la puerta del auto sin expresión y dijo, seco:
—Entonces vamos, ya casi es medianoche.
—¡Espera! —lo detuve rápidamente.
Él me miró, molesto, y me habló, con una sonrisa sarcástica:
—Dime cuántas excusas más vas a inventar esta noche. Eso de "preconcepción", qué broma tan ridícula. Al final, lo único que quieres es no tener un hijo conmigo. Aurora, eres una mentirosa. Una maldita mentirosa. No volveré a creerte. Nunca más.
Estaba realmente furioso. Las palabras le salían entre dientes, como si las escupiera de rabia.
Sentí un escalofrío recorrerme y, casi por instinto, lo agarré del brazo:
Mateo me lanzó una mirada cortante, sus dedos crujían de apretar tan fuerte la puerta del auto.
Yo, por si acaso, me alejé un par de pasos discretamente, no fuera a ser que le diera por soltarme un puñetazo.
Le acerqué el envase de comida:
—Mateo, tómala. De verdad está deliciosa. Me tomé dos tazones.
—¿Y de qué sirve que comas tanto, si no se te nota nada donde debería? —dijo con desprecio.
Me quedé sin palabras.
En serio, ¿en qué parte del cuerpo piensan ellos que "debería notarse"?
¿Y en cuáles no?
Aun así, gracias a mi provocación, Mateo terminó tomándose el tazón de caldo.
Subí al auto. Apenas encendió el motor, volvió con el tema de escoger hotel.
Parece que estaba completamente obsesionado con lo de tener un hijo. Aunque estuviera enfadado, no pensaba rendirse.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo)